A Esa Hora

Capitulo 25

Después de cinco días en estado de alerta, por fin tomé una decisión.

Jake y yo, tomamos una decisión, en realidad. Ambos.

—Es casi obvio, Bell, si no tienes pruebas, sal por ellas.

Como siempre, planear una misión era más fácil que enfrentarme a mi mente rota.

—Claro. Pero, ¿a quién debería llevar conmigo?

—Veamos… —Jake se recostó mejor, apoyó una mano en la barbilla y analizó la situación como si fuera uno de sus nudos de cables—. Bat es prácticamente de default. ¿Un grupo pequeño bastará, no? Bat y Pao. Joe, por supuesto.

Asentí otra vez. Tres seguros.

—¿Y por qué no aprovechar a los muchachos de Sergio? Estoy seguro de que apreciará que le enseñes algo a su heredera…

—¿Heredera? —repetí, y un nombre me atravesó la mente—. ¡Excelente idea, Jake! Voy a llevarme a Vivian.

—¡Bien! —exclamó él, imitando mi entusiasmo—. No era lo que tenía planeado pero lo acepto.

—Con ella y Rosie van seis. Me parece que son más que suficientes.

—Ciérralo en siete —murmuró él, levantándose solo un poco para destender la cama—. Lleva a Ehecalt contigo.

—Aunque me gustaría dejar a Pao para que descanse un poco, ¿qué opinas de llevarme a Liz…? Espera, ¿dijiste Ehecalt?

Empezaba a ser preocupante lo mucho que ese nombre salía a colación.

Me incliné para ayudarlo a acomodar su pierna herida entre las cobijas. Hacía un frío de mierda aquí abajo, y no quería que la mala circulación le jugara en contra.

—Necesitas mucha inteligencia allá afuera y el tipo es brillante. Gracias, Bell. Ya acuéstate también… Además, es enfermero y no llevas a ninguno. Por otra parte, me parece bien que saques a Liz.

—Oh, claro. Sí, tendría que preguntarle, preguntarles a los dos si se sienten bien para salir…

—Mañana, Bell— me dijo, empujando mi cabeza a la almohada con algo de fuerza.

—Está bien…

La verdad es que nada estaba bien. No podía sacarme de la cabeza su voz diciéndome que ella murió por mi culpa. Valentine. No podía entrar al cuarto nuestro sin pensar en que me odiaba por ello, que internamente no pensaba tan bien de mí, que tal vez querría venganza…. Por eso había pasado las últimas cinco noches hablando de cualquier trivialidad hasta que él cayera dormido. Todavía confiaba en que su sueño pesado protegería la integridad de ambos.

Y mientras él duerme, los pensamientos se arremolinan en mi cabeza, inquietos, impacientes: Valentine y André, dos conocidos putativos muertos… La bomba, los recuerdos incompletos, el número cincuenta, las voces distorsionadas por interferencia…

Pero sí, por ahora todo estaba relativamente bien. Ya mañana convocaría al equipo y juntos saldríamos a buscar la verdad detrás de esos “cincuenta”. Cualquiera que fuera.

—0—

Sergio nos encontró en el patio trasero, precisamente mientras nos preparábamos para partir.

Yo estaba cargando mi chaleco con todas las municiones posibles cuando se colocó a mi lado y empezó una conversación.

—¿Vas a salir, Bell? ¿Ocupas que te acompañe?

—Estás enfermo, Nelly me dijo— traducción: no.

—Lleva a Nat entonces. No sugeriré a Río, pues sé que te gusta más Nat.

—Aunque eso sea verdad, ya tengo un equipo completo y no quiero exponer a tus chicos— le expliqué—, yo no te confiaría a los míos, así que no me confíes a los tuyos. Además, Nat todavía ocupa reposo..

Por instinto, me giré para ver a Ehecalt, él era el doctor de Nat y si llegara a escuchar que alguien está planeando interrumpir el tratamiento de su paciente, estaba segura de que esa persona quedaría inconsciente un segundo después.

Y Nat no me era muy útil ahorita de todos modos.

—Es verdad— su tono de voz había decaído, por lo que me ví obligada a agregar algo más y solucionar mi desplante.

—No te lo tomes a mal, Sergio, los aprecio y todo pero esta es la razón por la que no me gusta ayudar, porque yo no pido ayuda.

—Sí, ya veo— él recargó su costado en la pared y suspiró—. Todos en la base llevan a cabo sus tareas sin dejarnos ayudar en algo.

—No los juzgues, estamos acostumbrados a e…

—¡BELL!

Ay no…

—¡¿POR QUÉ TE LLEVAS A LAS NIÑAS Y A MÍ NO?! ¡Yo vencí a Joe!

Los gritos se oían cada vez más cerca.

—¡Hey!— se quejó Joe, que estaba preparando su mochila junto a Ehecalt.

Los miré con una mueca, esos dos cada vez se hacían más amigos… No sabía cómo sentirme al respecto.

Sergio hizo una pregunta que no alcancé contestar porque Paul ya estaba a escasos dos metros de mí.

—¡Bell! ¡No es justo!— chilló—. Yo también soy explorador.

—Lo sé— suavicé mi tono para este pequeño soñador—. Pero para que puedan estar a mi lado en todas las expediciones debo enseñarles yo misma de forma individual ¿No crees que será difícil si me llevo a todos los nuevos?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.