A Esa Hora

Capitulo 27

—Mira, Pao, la situación es algo así— extendí los brazos, un gesto que según yo serviría para atraer su atención, pero solo sirvió para hacerme doler el corte de la mano—. Los hostiles saben que aquí hay algo, y la simbología que tenían en una maqueta topográfica nos hace creer que van a atacar manadas, ¿o me equivoco, muchachos?

—No— respondió Joe—. En esa maqueta tenían marcadas las posiciones de las manadas y, específicamente, la de Keyla tenía su extensión pintada en negro.

—-De que ya están acabados, ¿no? Y seguro que de eso se trataba lo que Gabe escuchó. Van a atacar a alguien y supongo que estamos en la lista.

Asentí con dificultad.

—Por ahora volamos su campamento, pero no dudo en que pronto reciban apoyo.

—¿Apoyo?

Pao abrazaba la botella de ron como si fuera un peluche de apoyo.

—Tenemos razones, para creer que el ejército los provee de suministros, de armas— explicó Joe.

—Les robamos explosivos con nano modificaciones. Algo que podríamos llamar “de última generación” —ese fue Ehecatl.

—Me alegra saber que nos pertenecen ahora— puntualizó ella—, pero ¿qué carajos vamos a hacer ahora? Mudarnos, claro está. Pero., ¿a dónde? Después de lo de Keyla no volvimos a salir para buscar ninguno de los lugares que pensamos. ¿La escuela que dices está muy lejos, Bell?

—Un poco, sí. Pero me temo que lo que verdaderamente descarta esa opción es el tamaño, pudo haber guardado a los 65 que éramos antes, pero ni apretados cabemos los cien que somos.

—Pero seguro que tienes otra opción pensada, ¿verdad? — El tono que usó Ehecalt estaba lleno de confianza. Como si fuera un hecho que yo siempre tenía las cosas bajo control.

—Así es— respondí—. Estaba pensando en Sergio. El lugar está lejos, pero Pollentia es una estación muy grande, y también está bajo tierra.

—Asumo que ya le dijiste— torcí los labios involuntariamente, un gesto que reveló mi inseguridad. Su expresión se tornó seria—. Arabell…

—Acabamos de llegar, Pao, ¿en qué momento? —me defendí—. Además, no me puede decir que no. ¡Los he estado alojando por semanas!

—Ella tiene un punto, Pao. En realidad, nos lo deben. La comida, el agua, el techo y todos los suministros médicos que se han ocupado en ellos. Ehecalt puede dar fé de eso, ¿verdad? ¡Dile!

Joe sacudía el hombro del enfermero con algo de fuerza, pero él de pronto tenía la expresión desarmada, como si le hubieran dado un golpe en el hígado. En realidad, era muy similar a la desgana que mostró después del ataque que sufrimos juntos.

Antes de que cualquiera dijera nada, me obligó a sostenerle la mirada y preguntó—: ¿Te llamó Arabell?

Por lo menos para mí, la habitación bajó a diez grados.

Asentí una vez. Espere el reclamo. La indignación. Por alguna razón imaginé lágrimas… pero él solo asintió y bajó la cabeza, sin responder la pregunta.

¿Por qué algo como esto era capaz de dejarlo en mal estado? Pensar en la respuesta a esa pregunta era desquiciante, sin embargo, fue mucho peor la otra pregunta que se me cruzó por la cabeza. ¿Por qué carajos me importaba su estado?

—Sí, eh… Bell—Joe puso especial énfasis en mi nombre—. ¿Y cómo se supone que nos vamos a ir? ¿Por los túneles?

Estaba tan desconcertada que, de hecho, me tomé el tiempo de considerar esa estúpida opción. Fácilmente cabíamos todos, pero el problema del aire limitado y que podríamos quedar enterrados me obligaron a abandonar esa idea.

—Podríamos quedarnos a vivir ahí igual…

—Ni siquiera lo pienses, Bell—Pao también pronunció la sílaba con más fuerza.

¿Por qué ellos también notaron su desánimo? ¿Por qué intentan mejorarlo?

Siendo honesta, no estaba pensando en nada serio, pero la parte de mi cabeza que se mantenía racional me decía que solo existía una forma de lograr que todos llegaran a salvo con Sergio. Aunque las probabilidades de morir eran altas… sobre todo ahora que tenemos dos peligros que tener en cuenta.

—La verdad es que no tengo idea, pero ahora somos cuatro cabezas, intentemos encontrar una mejor forma.

No hubo mucha participación al principio, pero Pao (como siempre) se armó de valor y en su primer intento, me dijo la opción que yo tenía en mente y que parecía ser la única.

—¿Los autos? Nunca los usamos por lo visibles que son, pero ¿crees que si vamos en caravana no nos ataquen?

—Eso era con los monstruos, Pao, si los humanos nos ven así, no van a dudar en cerrarnos el paso.

—Tienes razón.

—¿Tienen autos? —preguntó Ehecalt, recuperando el semblante.

Tenemos— corrigió Joe—. Tenemos autos, camionetas e incluso un trailer. Es el fin del mundo, Ehe, todo lo que te quepa en las manos es tuyo.

—Comprendo. Y creo que tienes razón, Bell, seriamos un objetivo obvio si vamos en caravana.

Me tomé un segundo para pensar en mi respuesta. Ehecalt siempre se queja de mi falta de confianza, ¿no? Por lo menos aquella vez eso fue lo que me reclamó. No recordaba más detalles de nuestra conversación, pero supongo que eso era lo más importante. Quizá si le demuestro un poco de confianza, quite esa expresión vacía que trae.




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