Vivimos en un mundo que cambia rápido. Yo misma lo hago. Un mundo donde alguien te quiere durante un minuto y después se aleja. Un mundo donde todo pasa rápido y a golpes. Un mundo que me cuesta asimilar. ¿Quién será el siguiente en querer hacerme daño?
Para no perder la cabeza, me aferro a aquello que no cambia. Amigos que son familia. Les llevaría piedras cada año para que se defendieran de lo que sea. Amigos que, como yo, intentan hacerse un lugar en el mundo y quizá haya distancia, pero siempre serán amigos.
A veces el miedo es más fuerte y escapo a casa. La chimenea que se prende año tras año. Mi madre y su comida. Arroz ardiendo un domingo que seguramente me queme el paladar. Abrazo fuerte de mi hermano y sus canciones antiguas que me gusta oír de su voz. Mi padre y sus tractores. Y más de doce pollos que comen más de lo que dan.
Voy a renunciar a todos aquellos que no suman. Sé que mientras tenga un olivo donde esconderme y un perro que abrazar... todo irá bien.