A la fuerza del deseo

Capítulo 6: Una Victoria Incómoda

La victoria no se sintió como Valeria había imaginado.

No hubo euforia.
No hubo celebración espontánea.
Solo un correo breve, formal, casi frío:

El proyecto ha superado la primera fase. Ambos responsables continúan.

Ambos.

Valeria leyó el mensaje tres veces, como si en algún punto las palabras fueran a cambiar. Cerró la laptop y se recostó en su silla, mirando el techo blanco de la oficina.

Había ganado.
Pero no sola.

Y eso la incomodaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Damián llegó tarde ese día. No era habitual en él. Cuando apareció, su expresión era distinta: cansada, concentrada, sin rastro de la seguridad provocadora que solía mostrar.

—¿Viste el correo? —preguntó Valeria, sin mirarlo directamente.

—Sí.

Silencio.

—Supongo que… felicidades —añadió ella.

Damián la observó unos segundos antes de responder.

—Lo mismo digo.

No hubo sonrisas. No hubo sarcasmo. Solo una sensación rara, como si ambos estuvieran parados en terreno desconocido.

—La directiva quiere que ajustemos la segunda fase —continuó él—. Más presión. Más exposición.

—Más riesgo —completó Valeria.

—Exacto.

Se quedaron en silencio otra vez. Valeria empezó a notar que ese silencio ya no era incómodo como antes. Era distinto. Más cargado.

—Damián —dijo al fin—. Si esto se sale de control…

—Lo sé —la interrumpió—. No voy a hacer nada que te perjudique.

Valeria lo miró por primera vez en serio.

—No hablo del proyecto.

Él sostuvo su mirada, sorprendido. Por un segundo pareció que iba a decir algo importante… pero se detuvo.

—Entonces mejor no adelantarnos —respondió—. Aún no estamos ahí.

Aún.

Esa palabra se quedó flotando entre ellos.

Esa noche, Valeria se quedó más tarde de lo habitual. El edificio estaba casi vacío cuando escuchó pasos detrás de ella.

—Sabía que seguirías aquí —dijo Damián.

—Y yo que tú no te irías temprano —respondió sin voltear.

Trabajaron en silencio durante casi una hora. Sin discusiones. Sin competencia abierta. Solo coordinación.

Funcionaban demasiado bien.

Valeria fue la primera en notarlo… y la primera en asustarse.

—Esto no debería ser tan fácil —dijo, rompiendo el silencio.

—¿El qué?

—Trabajar contigo.

Damián dejó de escribir.

—¿Eso es un problema?

Valeria cerró los ojos un instante.

—Sí —admitió—. Porque no confío en lo que es fácil.

Él se acercó unos pasos. No invadió su espacio, pero estuvo lo suficientemente cerca como para que Valeria lo sintiera.

—Tal vez no es fácil —dijo en voz baja—. Tal vez solo dejamos de resistirnos.

Valeria lo miró. El corazón le latía más rápido de lo normal.

—No te confundas —dijo—. Esto no cambia lo que somos.

—¿Y qué somos? —preguntó él.

Ella abrió la boca… y no supo qué responder.

Rivales ya no sonaba del todo cierto.
Aliados tampoco.

Damián retrocedió un paso.

—Descansa —dijo—. Mañana será más pesado.

Cuando se fue, Valeria se quedó mirando la pantalla apagada.

Habían ganado una batalla importante.
Pero algo dentro de ella empezaba a perder el equilibrio.

Y lo peor de todo…
era que no estaba segura de querer recuperarlo.




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