A la fuerza del deseo

Capítulo 8: Líneas Que No Deberían Cruzarse

El ascensor se detuvo con un golpe suave.

Valeria entró sin mirar atrás, pero sabía que Damián estaba ahí. Lo sentía. Ese sexto sentido incómodo que se activa cuando alguien ocupa demasiado espacio en tu cabeza.

Las puertas se cerraron.

Silencio.

—No tenías que irte así —dijo él.

—No tenía que quedarme —respondió ella.

El ascensor empezó a descender. Demasiado lento. El reflejo metálico devolvía una imagen tensa de ambos: ella con los brazos cruzados, él apoyado en la pared, mirándola como si buscara una grieta.

—Lucía no es lo que crees —insistió.

—No pienso nada —mintió Valeria—. Solo trabajo.

—Eso no es cierto.

Ella giró el rostro.

—¿Desde cuándo lees tan bien mis gestos?

—Desde que dejaste de gritarme —respondió él—. Desde que empezamos a entendernos.

El ascensor se detuvo de golpe entre pisos.

Las luces parpadearon.

—Genial —murmuró Valeria—. Justo lo que faltaba.

—Ya vendrá mantenimiento —dijo Damián, sacando su teléfono—. No hay señal.

Valeria soltó una risa seca.

—Perfecto.

El espacio se volvió más pequeño. O tal vez eran ellos los que se acercaban sin darse cuenta. Valeria apoyó la espalda contra la pared. Damián quedó frente a ella, a una distancia peligrosamente corta.

—No me gusta cómo te afecta Lucía —dijo él, en voz baja.

—No me afecta.

—Sí lo hace.

—¿Y a ti? —preguntó ella—. ¿Te afecta cómo me afecta?

Damián no respondió de inmediato. Su mirada bajó a sus labios y luego volvió a sus ojos. Ese segundo fue suficiente para que el aire cambiara.

—Esto no es buena idea —dijo.

— Nunca lo es —respondió Valeria.

El ascensor se sacudió ligeramente. Valeria perdió el equilibrio por un segundo y Damián reaccionó instintivamente, apoyando una mano en la pared junto a su cabeza.

Demasiado cerca.

Valeria sintió su respiración. Su calor. El pulso acelerado que no era solo de ella.

—Damián… —susurró.

— Di que me detenga —dijo él—. Y lo haré.

Valeria no lo dijo.

Se separó primero, rompiendo el momento con brusquedad.

—Esto no puede pasar —dijo—. No con el proyecto. No con Lucía aquí.

—¿Entonces qué somos? —preguntó él, frustrado.

—Un error a punto de ocurrir.

Las luces volvieron. El ascensor reanudó su descenso como si nada hubiera pasado.

Cuando las puertas se abrieron, Valeria salió sin mirar atrás.

Esa misma noche, Valeria tomó una decisión.

Abrió su correo personal y escribió un mensaje corto.

Acepto la propuesta. Me incorporo a la segunda sede durante la fase dos.

Enviar.

Sabía exactamente lo que significaba.

Distancia.
Control.
Huir antes de cruzar una línea imposible de borrar.

No le dijo nada a Damián.

Aún.




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