A la fuerza del deseo

Capítulo 12: Condiciones

La llamada llegó a primera hora.

Valeria estaba revisando correos cuando el número de Recursos Humanos apareció en la pantalla. No era habitual. Contestó con el ceño fruncido.

—Valeria Torres —dijo.

—Buenos días, Valeria —respondió una voz amable—. Llamo para confirmar algunos ajustes relacionados con tu traslado.

Ajustes.

—Te escucho.

—La segunda sede solicitó adelantar la incorporación —continuó la voz—. Necesitan que estés allá en una semana, no en dos.

Valeria se quedó inmóvil.

—Eso no estaba acordado.

—Lo sé. Pero es una condición para mantener la oferta.

Condición.

Colgó con un nudo en el estómago. Una semana no era tiempo. Era una cuenta regresiva.

Lucía apareció en su oficina antes del mediodía.

—¿Interrumpo? —preguntó, ya dentro.

—Siempre —respondió Valeria, sin levantar la vista.

Lucía sonrió, imperturbable.

—Me enteré del cambio en tu traslado.

Valeria alzó la cabeza.

—¿Cómo?

—Damián lo mencionó —mintió con naturalidad—. Está… preocupado.

Eso sí era verdad. Lo vio en la forma en que Damián evitaba mirarla desde la mañana.

—No es asunto tuyo —dijo Valeria.

—Lo es cuando afecta el proyecto —replicó Lucía—. Si te vas antes, la segunda fase queda coja.

—No me iré sin dejarlo cerrado.

—No me refiero al trabajo —dijo Lucía, bajando la voz—. Me refiero a él.

Valeria se tensó.

—¿Qué insinúas?

—Nada que tú no sepas —respondió Lucía—. Solo que Damián no maneja bien las despedidas.

Valeria se levantó.

—Agradezco tu preocupación, pero no necesito intermediarios.

Lucía inclinó la cabeza.

—Claro. Solo recuerda algo: las decisiones que tomas para protegerte… también tienen consecuencias.

Se fue dejándole un silencio incómodo.

Esa tarde, Valeria encontró a Damián en la sala de trabajo. Estaba solo, mirando la pantalla sin verla realmente.

—Me voy en una semana —dijo ella, sin rodeos.

Él alzó la vista.

—¿Qué?

—Adelantaron la fecha. Es una condición.

Damián apretó la mandíbula.

—Puedo hablar con la directiva.

—No —respondió ella—. No quiero favores.

—No es un favor —dijo—. Es sentido común.

Valeria respiró hondo.

—No quiero que esto se vuelva… personal.

—Ya lo es —respondió él, cansado—. Desde hace rato.

Ella se acercó un paso.

—Si me quedo, todo se complica.

—Y si te vas —replicó—, también.

Silencio.

—¿Te quedarías? —preguntó Damián—. Si hubiera otra opción.

Valeria dudó. Esa duda fue su respuesta.

—No lo sé —admitió—. Tengo miedo de tomar la decisión equivocada.

Damián se acercó también. Quedaron frente a frente, sin tocarse.

—A veces la equivocación no está en elegir —dijo—. Sino en no hacerlo.

Valeria sintió el peso de esas palabras. Pensó en el traslado, en Lucía, en el proyecto… y en lo que estaba creciendo entre ellos a pesar de todo.

—Dame un día —dijo—. Solo uno.

Damián asintió.

—Te lo doy.

Cuando Valeria salió, su mente era un caos. Por primera vez desde que aceptó irse, la idea de quedarse dejó de parecer una derrota.

Y eso…
lo cambiaba todo.




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