A la fuerza del deseo

Capítulo 19: Cuando El Rumor Aprende A Caminar

El problema de los secretos no es guardarlos.

Es que siempre terminan caminando solos.

Valeria lo supo en cuanto entró a la sala de juntas y sintió las miradas. No eran abiertas. No eran acusadoras. Eran peores: curiosas. Calculadas.

Lucía estaba sentada al fondo, revisando su tablet con una tranquilidad demasiado perfecta.

Damián no había llegado aún.

—Empezamos en cinco —anunció uno de los directores.

Valeria tomó asiento sin mostrar nada. Por dentro, la intuición le gritaba.

Cuando Damián entró, el aire cambió. No la miró de inmediato, y eso fue intencional. Profesional. Distante. Exactamente lo que habían acordado sin decirlo.

Lucía levantó la vista.

—Antes de empezar —dijo—, creo que sería prudente aclarar algo.

Valeria sintió el golpe antes de escucharlo.

—Han llegado comentarios —continuó Lucía— sobre posibles conflictos de interés dentro del equipo.

Silencio.

Damián tensó la mandíbula.

—¿A qué se refiere? —preguntó uno de los socios.

Lucía sonrió con suavidad.

—Nada concreto. Solo… cercanías que podrían interpretarse mal.

Valeria entendió el movimiento. No acusar. Sugerir. Dejar que el veneno hiciera su trabajo.

—No hay nada que aclarar —intervino Valeria—. Todo se ha manejado con absoluta profesionalidad.

Lucía sostuvo su mirada.

—Me alegra oírlo.

Pero no lo creyó.

Después de la reunión, Damián la alcanzó en el pasillo.

—¿Qué fue eso? —preguntó en voz baja.

—Lucía marcando límites —respondió—. O advirtiendo.

—Esto ya no es solo tensión —dijo él—. Es una amenaza.

Valeria lo miró, cansada.

—Por eso tenemos que ser más cuidadosos.

—¿O más honestos? —replicó.

Ella negó con la cabeza.

—No ahora.

Eso fue lo que lo hirió.

Lo vio en su expresión, en ese gesto casi imperceptible donde la paciencia empieza a agotarse.

—No puedo seguir siendo tu secreto conveniente —dijo—. No así.

—Damián…

—No —la interrumpió—. Dijiste que querías protegerme, pero lo único que haces es decidir por los dos.

Eso dolió porque era verdad.

—Dame tiempo —pidió ella.

—El tiempo es justo lo que no tenemos.

Se alejó antes de que ella pudiera responder.

Y mientras lo veía irse, Valeria entendió que el verdadero conflicto no era Lucía.

Era que estaban empezando a quererse
cuando el mundo ya había decidido ponerlos a prueba.




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