La oficina nunca había estado tan callada.
No porque faltara gente, sino porque algo se había roto y todos lo sabían.
Valeria llegó temprano, como siempre. Café en mano, postura firme, maquillaje impecable. Por fuera, control. Por dentro, un nudo constante que no se deshacía.
Los correos se acumulaban. Las reuniones seguían. El mundo no se había detenido solo porque ella se sentía hueca.
Damián no fue a la junta de la mañana.
Eso debería haberla tranquilizado.
No lo hizo.
—Pidió el día —le informó Recursos Humanos—. Asuntos personales.
Valeria asintió sin expresión. Pero la palabra personales le quemó por dentro.
Durante horas evitó pensar en él. No funcionó. Cada decisión parecía incompleta. Cada logro, pequeño.
Al mediodía, Laura pasó frente a su oficina.
—Quería decirte… —empezó—. Lo de ayer no fue lo que pareció.
Valeria levantó la vista.
—No necesito explicaciones.
—Tal vez sí —insistió Laura—. Él estaba hablando de irse del proyecto.
Eso la descolocó.
—¿Irse?
—Dijo que trabajar contigo… —Laura dudó—. Que lo estaba rompiendo.
Valeria no respondió. Laura se marchó en silencio.
Esa tarde, Valeria no regresó a casa. Caminó sin rumbo hasta que terminó frente al edificio de Damián.
Subió sin pensarlo demasiado. Golpeó una vez.
Nada.
Golpeó otra.
La puerta se abrió.
Damián parecía cansado. Sin la armadura habitual. Real.
—No deberías estar aquí —dijo.
—Lo sé —respondió ella—. Pero si no vengo, me voy a arrepentir.
El silencio volvió a instalarse entre ellos.
—No quise humillarte —dijo Valeria al fin—. Quise protegerme.
—Y me usaste de escudo —contestó él.
Ella asintió. No había defensa.
—Tienes razón.
Damián respiró hondo.
—No puedo seguir así —dijo—. Cerca, pero excluido. Deseado, pero descartable.
Eso fue lo que más dolió.
—Nunca fuiste descartable —susurró Valeria.
—Entonces demuéstralo.
Ella dio un paso adelante.
—No hoy —dijo—. Pero no me sueltes todavía.
Damián la miró largo rato.
—Te estoy soltando despacio —respondió—. Porque si no… me quedo sin nada.
La puerta se cerró suavemente.
Y Valeria entendió algo terrible:
El verdadero conflicto no era el odio.
Era el miedo a amar sin poder controlar.
#1809 en Otros
#368 en Joven Adulto
enemiestolover, rivalidades enemiestolovers, enemigos y romance
Editado: 31.01.2026