Un año después.
Valeria observaba la ciudad desde el ventanal de su nueva oficina. Piso alto. Vistas limpias. Todo lo que alguna vez quiso estaba ahí: poder, respeto, decisiones que movían cifras imposibles.
Dirección regional. Portadas internas. Reconocimiento.
Y, aun así, un silencio constante.
Había aprendido a vivir con él. A ignorarlo durante el día. A enfrentarlo solo por las noches, cuando el teléfono permanecía inmóvil sobre la mesa.
No había vuelto a ver a Damián.
Habían acordado no hacerlo. No mensajes a medias. No encuentros casuales. O todo… o nada.
Valeria eligió nada.
Hasta esa mañana.
—Tenemos un problema —dijo su asistente—. El proyecto Atlas necesita intervención directa.
Valeria frunció el ceño.
—¿No está Damián Ortega a cargo?
—Lo estaba —respondió ella—. Renunció hace seis meses.
Eso la descolocó.
—¿Renunció?
—Sí. Y ahora… —la asistente dudó—. Él dirige la empresa competidora que acaba de absorber parte del mercado.
El mundo se acomodó de golpe.
Damián no había desaparecido.
Había crecido.
Horas después, Valeria recibió una invitación formal.
Reunión estratégica – Atlas / NovaCore
Asistente principal: Damián Ortega
Valeria cerró los ojos.
El destino tenía un sentido del humor cruel.
Cuando entró a la sala de juntas, él ya estaba ahí. De pie. Seguro. Distinto… y el mismo.
Sus miradas se encontraron.
Nada más hizo falta.
—Valeria —dijo Damián—. Veo que el mundo sigue girando.
—Y tú sigues interponiéndote —respondió ella, con una media sonrisa.
La tensión volvió. Más afilada. Más adulta.
—No vine a remover el pasado —dijo él—. Vine a ganar.
Valeria sostuvo su mirada.
—Entonces no has cambiado tanto.
Él sonrió.
—Tú tampoco.
Y en ese instante, ambos supieron algo peligroso:
El amor no se había ido.
Solo había aprendido a esperar.
#1809 en Otros
#368 en Joven Adulto
enemiestolover, rivalidades enemiestolovers, enemigos y romance
Editado: 31.01.2026