A la fuerza del deseo

Capítulo 32: La Guerra Que Fingimos

El plan era simple.
La ejecución, peligrosa.

En público, Valeria y Damián volvieron a ser lo que todos esperaban: rivales irreconciliables. Correos tensos. Reuniones cortantes. Posturas enfrentadas.

Sebastián observaba. Con atención.

—Te estás excediendo —le dijo Damián en una junta, elevando la voz lo justo—. Esa decisión va a hundir el proyecto.

—No necesito tu aprobación —respondió Valeria—. Ya no trabajas aquí.

El silencio fue perfecto. Incómodo. Creíble.

Sebastián sonrió desde el fondo de la sala.

Esa noche, Valeria llegó al departamento de Damián con el pulso acelerado.

—Nos está mordiendo el anzuelo —dijo—. Me pidió acceso total a los reportes financieros.

—Quiere controlar la narrativa —respondió Damián—. Y cubrir sus huellas.

Se miraron. El peligro los mantenía cerca. Demasiado.

—No podemos cruzar líneas —dijo Valeria, más para sí que para él.

—Las cruzamos hace tiempo —respondió Damián—. Ahora solo fingimos que no.

El silencio volvió a cargarse de cosas no dichas.

—Cuando esto termine… —empezó ella.

—No pienses en el después —la interrumpió—. Es ahí donde siempre nos rompemos.

Trabajaron hasta tarde. Codo a codo. Como antes. Como si el tiempo no hubiera pasado.

Y en un descuido —una mano rozando otra, una mirada sostenida un segundo de más—, Valeria entendió algo peligroso:

Fingir que eran enemigos
era más fácil
que fingir que ya no se amaban.




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