A la fuerza del deseo

Capítulo 33: El Precio De Quedar Al Centro

La acusación llegó en una reunión ampliada.

Sebastián no levantó la voz. No lo necesitó.

—Hemos detectado irregularidades —dijo, deslizando una carpeta sobre la mesa—. Accesos no autorizados. Decisiones unilaterales. Conflictos de interés.

Valeria sintió el peso exacto de cada palabra.

—¿Está insinuando algo? —preguntó, firme.

Sebastián la miró con calma ensayada.

—Estoy señalando hechos.

Las miradas se giraron hacia ella. Algunas dudosas. Otras ya convencidas.

—Esto es absurdo —intervino Damián—. Si hay filtraciones, no vienen de Valeria.

Sebastián alzó una ceja.

—¿Y cómo puede estar tan seguro, señor Ortega?

Silencio.

Ese fue el error.

—Porque yo estuve ahí —dijo Damián—. Y sé cómo opera este sistema cuando necesita un chivo expiatorio.

Sebastián sonrió.

—Gracias por confirmar el conflicto de interés.

Valeria apretó los puños bajo la mesa.

—Basta —dijo—. Si va a acusarme, hágalo con pruebas.

Sebastián deslizó otro documento.

—Suspensión temporal mientras se investiga.

El golpe fue seco.

Horas después, Valeria vació su oficina en silencio. No humillación. Rabia contenida.

Damián la esperaba afuera.

—Esto es parte del plan —dijo ella, intentando convencerse.

—No —respondió él—. Esto es personal.

Caminaron juntos hasta el estacionamiento.

—Me están aislando —susurró Valeria—. Si caigo, él gana.

Damián la tomó del brazo.

—No estás sola —dijo—. Y esta vez no voy a dejar que te sacrifiquen.

Valeria lo miró.

—Si te involucras más… te van a arrastrar conmigo.

Damián sonrió, cansado.

—Siempre fui malo manteniéndome al margen cuando se trata de ti.

Y en ese momento, Valeria entendió algo con claridad brutal:

El enemigo ya no era el sistema.
Era el miedo a confiar del todo.




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