La noticia se filtró antes del mediodía.
Directora regional suspendida por presuntas irregularidades.
Valeria lo leyó en su teléfono sin expresión. No era sorpresa. Era estrategia. Sebastián estaba cerrando el cerco.
—Van a llamarte traidora —dijo Damián, a su lado—. Van a decir que usaste tu cargo para manipular el proyecto.
—Que lo digan —respondió ella—. El silencio ya no me sirve.
Damián la miró, evaluándola.
—Entonces hagámoslo bien.
Esa tarde, por primera vez, se presentaron juntos. Sin fingir rivalidad. Sin distancia.
El efecto fue inmediato.
—¿Están trabajando juntos? —preguntó uno de los socios, incómodo.
—Estamos diciendo la verdad —respondió Valeria—. Y asumiendo las consecuencias.
Sebastián los observaba desde el fondo, con una sonrisa tensa.
—Curioso —dijo—. La alianza aparece justo cuando las acusaciones salen a la luz.
—No —replicó Damián—. Aparece cuando deja de ser útil separarnos.
Valeria tomó la palabra.
—Si van a investigar, investiguen todo —dijo—. Incluidos los accesos, las auditorías internas… y las decisiones que se tomaron desde corporativo.
Sebastián entrecerró los ojos.
—Cuidado, Valeria. Estás cruzando una línea.
Ella sostuvo su mirada.
—La crucé cuando intentaste usarme.
El silencio fue brutal.
Esa noche, en el departamento de Damián, el peso del día cayó sobre ellos.
—Tal vez lo pierda todo —dijo Valeria, sin dramatismo—. Mi cargo. Mi nombre. Mi carrera.
Damián la rodeó con los brazos.
—Y aun así estás aquí.
—Porque por primera vez no estoy huyendo —respondió ella—. Estoy eligiendo.
Damián apoyó la frente en la suya.
—Yo también.
No hubo promesas. Solo una certeza compartida:
Si iban a caer…
caerían juntos.
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Editado: 10.02.2026