A la fuerza del deseo

Capítulo 37: Aprender A Quedarse

Los días dejaron de medirse en reuniones y plazos.

Ahora eran cafés lentos, silencios compartidos, mañanas sin alarma. Valeria no sabía si eso la calmaba o la descolocaba más.

—No sabía que eras así de insoportable sin estrés —dijo Damián una mañana, observándola dar vueltas por la sala.

—No sabía que tú eras tan paciente —respondió ella—. Eso me inquieta.

Damián sonrió.

No había ironía. No había defensa.
Eso era lo nuevo.

Valeria empezó a escribir. No informes. No estrategias. Ideas sueltas. Pensamientos que nunca había tenido tiempo de escuchar.

Damián retomó proyectos pequeños. Consultorías independientes. Nada que los enfrentara. Nada que los pusiera en bandos opuestos.

Pero el pasado no desaparece tan fácil.

Una tarde, Valeria encontró una caja vieja en el armario de Damián. No la abrió. No hizo falta.

—¿Te arrepientes? —preguntó de pronto.

Damián levantó la vista.

—¿De qué?

—De haberme esperado —dijo—. De haber vuelto a dejarme entrar.

Él se acercó despacio.

—A veces —admitió—. Porque amarte siempre fue elegir el camino difícil.

Valeria bajó la mirada.

—No quiero volver a hacerte daño.

—Entonces no huyas —respondió—. Quédate incluso cuando tengas miedo.

Ella respiró hondo.

Eso era más difícil que cualquier renuncia.

Esa noche, Valeria entendió algo esencial:

El amor no siempre se demuestra luchando.
A veces…
se demuestra quedándose cuando ya no hay guerra.




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