A la fuerza del deseo

Capítulo 39: Decirlo En Voz Alta

Valeria postergó la respuesta una semana.

Siete días de silencios largos. De miradas que decían háblame y bocas que se cerraban antes de hacerlo. No era distancia… era miedo compartido.

—No puedes seguir así —dijo Damián una noche—. Estás aquí, pero no estás.

Valeria apoyó la taza sobre la mesa con cuidado excesivo.

—Tengo terror de repetirlo todo —confesó—. De volver a elegir algo que me aleje de ti.

Damián respiró hondo.

—Y yo tengo terror de convertirme en el freno de tu vida —respondió—. De que un día me mires y veas lo que no hiciste.

Valeria levantó la vista.

—Nunca te vería así.

—No lo sabes —dijo él—. Porque nunca lo dijimos en voz alta.

Silencio.

—Yo te amo —continuó Damián—. No desde la guerra, no desde la rivalidad. Desde ahora. Desde lo que somos cuando nadie nos empuja.

Valeria sintió el golpe en el pecho.

—Yo también —susurró—. Y por eso me da miedo.

Se levantó, caminó hasta la ventana.

—Toda mi vida tomé decisiones sola —dijo—. Gané. Perdí. Pero siempre fui responsable solo de mí. Amarte cambia eso.

Damián se acercó.

—Amarte me cambió a mí primero.

Valeria se giró, los ojos brillantes.

—Si acepto esa propuesta… no será para huir. Será porque quiero construir algo distinto.

—Entonces no lo decidas sola —respondió él—. Decídelo conmigo.

Ese fue el verdadero punto de quiebre.

No la propuesta.
No el pasado.

Sino entender que el amor no era renunciar…
era elegir juntos.

Valeria tomó su mano.

—Aún no sé qué voy a hacer.

Damián sonrió, tranquilo.

—Por primera vez… eso está bien.

Y en ese instante, el futuro dejó de ser una amenaza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.