A la fuerza del deseo

Capítulo 40: Elegir Sin Huir

No fue una decisión tomada en una noche.

Fue una conversación que se repitió durante días. Con pausas. Con dudas. Con silencios que ya no asustaban.

—No quiero volver a perderme —dijo Valeria una mañana—. Ni perderte a ti en el proceso.

Damián asintió.

—Entonces pongamos reglas —propuso—. No para protegernos del mundo… sino de nosotros mismos.

Valeria sonrió, apenas.

—Eso suena peligrosamente responsable.

Se sentaron frente a frente, como si estuvieran firmando algo invisible.

—Si acepto la propuesta —dijo Valeria—, no será un cargo que nos enfrente. Nada de jerarquías cruzadas. Nada de secretos.

—Y si no la aceptas —añadió Damián—, no será por miedo. Será porque elegiste quedarte… no porque yo te detuve.

Valeria respiró hondo.

—Quiero que esto funcione incluso si un día volvemos a competir.

Damián sostuvo su mirada.

—Entonces aprendamos a no destruirnos cuando eso pase.

Esa tarde, Valeria hizo la llamada.

—Acepto —dijo—. Con condiciones claras.

Colgó y apoyó la frente contra la pared. No tembló. No dudó.

Cuando regresó, Damián la estaba esperando.

—¿Y? —preguntó.

Valeria sonrió. No de triunfo. De calma.

—Empiezo en dos meses —dijo—. Tiempo suficiente para hacer las cosas bien.

Damián la abrazó.

—Esta vez no te vas sola.

Valeria cerró los ojos.

Por primera vez, su ambición no la separaba del amor.
Y el amor no le pedía que se hiciera más pequeña.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.