A la fuerza del deseo

Capítulo 41: Lo Que Vuelve Cuando Todo Parece En Calma

La convivencia no explotó.
Y eso, curiosamente, fue lo más inquietante.

No hubo peleas el primer día.
Ni celos.
Ni reproches.

Solo pequeñas grietas.

Valeria empezó a notar cómo Damián se quedaba despierto más tiempo del habitual. Cómo revisaba el celular con una atención que antes no tenía. No la ocultaba… pero tampoco la compartía.

—¿Todo bien? —preguntó una noche, apoyada en el marco de la puerta.

—Sí —respondió él, demasiado rápido—. Solo trabajo.

Ella asintió. No insistió. Habían prometido no invadir.

Pero el silencio también pesa.

Damián, por su parte, notaba algo distinto en ella. Valeria estaba más segura, más centrada… y eso, aunque era lo que siempre había admirado, ahora lo hacía sentirse fuera de ritmo. Como si ella ya estuviera un paso adelante.

No era miedo a perderla.
Era miedo a no alcanzarla.

El pasado eligió ese momento para tocar la puerta.

Un mensaje.
Un nombre que ninguno necesitó pronunciar.

Valeria lo vio primero.

—¿Vas a contestar? —preguntó, sin acusación, solo verdad.

Damián miró la pantalla. Luego a ella.

—No —dijo—. Pero necesito decirte quién es y por qué apareció.

Valeria respiró profundo.

—Eso es nuevo —admitió—. Antes habrías decidido solo.

—Antes no sabía cómo se sentía perderte —respondió él.

No discutieron.
Hablaron.

Y fue más difícil que cualquier pelea.

Porque amar sin huir exige quedarse incluso cuando duele un poco.

Esa noche no hubo promesas grandilocuentes.
Solo una decisión silenciosa:

seguir eligiéndose, incluso cuando el pasado intenta reclamar espacio.




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