A la fuerza del deseo

Capítulo 42: La Visita Que No Pidió Permiso

El timbre sonó a las ocho en punto.

No fue insistente.
No fue urgente.
Fue exacto.

Valeria se levantó primero. No esperaba a nadie. Damián aún estaba en la cocina, hablando por teléfono en voz baja, con ese tono que ella ya había aprendido a reconocer como modo profesional, pero había algo más… tensión.

Cuando abrió la puerta, supo de inmediato que nada volvería a sentirse igual.

—Hola, Valeria —dijo la mujer frente a ella, con una sonrisa perfectamente ensayada—. Ha pasado tiempo.

No necesitó presentación.
Las historias dejan rostro cuando menos lo esperas.

—Damián está ocupado —respondió Valeria, firme—. ¿Puedo ayudarla en algo?

La mujer ladeó la cabeza, evaluándola. No con desprecio. Con curiosidad.

—Solo vine a cerrar un asunto pendiente.

Damián apareció detrás de Valeria antes de que ella pudiera responder.

—No debiste venir —dijo él, sin elevar la voz.

El silencio se volvió espeso.

—No te preocupes —respondió la mujer—. No planeo quedarme. Solo quería asegurarme de que ambos supieran la verdad.

Valeria sintió el golpe antes de entenderlo.

—¿La verdad sobre qué? —preguntó, sin apartarse.

—Sobre lo que se dejó a medias —contestó ella—. Y lo que aún tiene consecuencias.

Damián dio un paso al frente.

—Ya basta.

—No —intervino Valeria—. No basta. No ahora.

La mujer sonrió, satisfecha.

—Eso pensé.

Diez minutos después, la puerta se cerró.
No hubo gritos.
No hubo escenas.

Pero el aire quedó cargado de algo que no se va con solo respirar.

—¿Cuánto de lo que dijo es cierto? —preguntó Valeria.

Damián no esquivó la mirada.

—Lo suficiente como para que tenga derecho a preguntarlo todo.

Y por primera vez desde que habían decidido intentarlo, Valeria sintió miedo.

No a perderlo.
Sino a descubrir que no lo conocía del todo.




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