El miedo no desaparece.
Se reconoce.
Valeria lo entendió al despertar esa mañana, con la sensación extraña de calma en el pecho. No porque todo estuviera bien, sino porque ya no estaba sola sosteniendo el peso.
Damián, por su parte, se dio cuenta de algo nuevo:
amar no lo debilitaba.
Lo obligaba a ser mejor.
—Siempre creí que necesitar a alguien era perder el control —dijo él, mientras desayunaban—. Pero contigo… es distinto.
—Porque no te pertenezco —respondió Valeria—. Y tú tampoco a mí. Elegimos quedarnos. Eso es lo que asusta.
Damián la miró con una media sonrisa triste.
—Y aun así… quiero hacerlo.
El miedo seguía ahí.
Pero ya no decidía por ellos.
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Editado: 10.02.2026