A la fuerza del deseo

Capítulo 60: Amar No Siempre Alcanza

La idea llegó como llegan las verdades más incómodas:
sin aviso y sin dramatismo.

Valeria no estaba llorando cuando lo pensó.
No estaba enojada.
Ni siquiera estaba triste.

Estaba tranquila.
Y eso fue lo que más le asustó.

Estaba sentada en el sillón, con las piernas dobladas bajo el cuerpo, leyendo un correo del trabajo que no requería respuesta inmediata. Damián estaba en la cocina, hablando por teléfono otra vez, usando esa voz segura que parecía no quebrarse nunca.

Valeria lo escuchaba a medias. No por desinterés. Por cansancio.

Fue entonces cuando la idea se formó completa, clara, imposible de ignorar:

¿Y si amarnos no es suficiente para sostener esto?

No era una amenaza.
No era una rendición.
Era una pregunta honesta.

Durante mucho tiempo habían creído que el amor podía con todo. Con el orgullo, con el miedo, con las heridas personales. Y tal vez había sido cierto… hasta cierto punto.

Pero ahora el amor estaba ahí, intacto, y aun así no resolvía la distancia que se iba instalando entre ellos.

Damián colgó y se acercó a ella.

—¿En qué piensas? —preguntó, sentándose a su lado.

Valeria dudó. Antes habría suavizado la respuesta. Habría elegido una versión menos peligrosa de la verdad.

Esta vez no.

—En que nos amamos —dijo—. Y aun así, algo no está funcionando.

Damián se tensó apenas.

—¿Estás diciendo que no basta?

—Estoy diciendo que tal vez no basta solo con amar —respondió—. Tal vez también hay que saber cómo hacerlo… en esta versión de nosotros.

Él apoyó los codos en las rodillas, miró al frente.

—Yo pensé que el amor era la parte difícil —admitió—. Todo lo demás parecía… manejable.

Valeria negó despacio.

—Eso creí yo también. Pero amar es solo el inicio. Lo difícil es sostenerlo cuando deja de ser urgente y se vuelve cotidiano.

El silencio que siguió fue distinto a los anteriores. No era evasión. Era impacto.

—No quiero perderte —dijo Damián, sin mirarla—. Pero tampoco sé cómo darte todo lo que necesitas sin perderme yo.

Valeria cerró los ojos un momento. Porque ahí estaba. Esa frase contenía toda la verdad que habían estado rodeando durante semanas.

—Yo tampoco sé cómo pedirte sin sentir que te exijo —dijo—. Y no quiero que el amor se convierta en una deuda.

Damián la miró entonces. De verdad la miró.

—¿Qué hacemos cuando amar no alcanza? —preguntó.

Valeria respiró hondo.

—Aprendemos si queremos hacer algo más que amar.

No hubo acuerdo.
No hubo conclusión.

Solo la certeza incómoda de que el amor no era una solución mágica. Era una base. Y sobre esa base, todavía no sabían si podían construir lo mismo.

Esa noche no se tocaron. No por castigo. Por respeto al peso de lo dicho.

Valeria se acostó mirando al techo, escuchando la respiración de Damián a su lado. Pensó en todas las historias que prometían que amar era suficiente. En cómo nadie hablaba del trabajo silencioso que venía después.

Tal vez el amor no salva, pensó.
Tal vez solo da una razón para intentarlo.

Y la pregunta que quedó flotando, sin respuesta, fue la más peligrosa de todas:

¿Y si intentarlo ya no es lo mismo para ambos?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.