La mañana llegó más rápido de lo que Valeria esperaba.
La luz del sol entraba por la ventana del dormitorio, dibujando líneas doradas sobre el suelo. Durante unos segundos, ella permaneció inmóvil, observando el techo, escuchando el silencio del departamento.
Ese silencio que antes le parecía incómodo.
Ahora era distinto.
Giró ligeramente la cabeza.
Damián seguía dormido.
Su respiración era tranquila, una mano descansando cerca de la almohada, como si incluso dormido necesitara saber que ella seguía allí.
Valeria lo observó en silencio.
Había momentos en los que todavía le parecía extraño pensar en todo lo que habían atravesado para llegar hasta algo tan simple como compartir una mañana tranquila.
Antes, su historia siempre estaba llena de tensión.
Ahora había espacio para la calma.
Y eso, curiosamente, también daba miedo.
Se levantó con cuidado para no despertarlo y caminó hacia la cocina. Preparó café mientras revisaba el celular.
Un nuevo correo.
La confirmación oficial del traslado.
Valeria lo abrió lentamente.
Fecha de inicio: tres semanas.
Tres semanas.
El número se quedó flotando en su mente.
No era inmediato… pero tampoco lejano.
Apoyó el teléfono sobre la mesa y tomó una taza de café. El vapor cálido le rozó el rostro mientras intentaba ordenar sus pensamientos.
No estaba arrepentida.
Pero la realidad comenzaba a sentirse más concreta.
—Estás despierta muy temprano.
La voz de Damián apareció desde la puerta.
Valeria levantó la mirada.
Él estaba apoyado contra el marco, despeinado, con esa expresión medio dormida que solo aparecía por las mañanas.
—No quería despertarte —dijo ella.
—Eso nunca te ha detenido antes.
Valeria sonrió apenas.
Damián caminó hasta la cocina y se sirvió café también.
Durante unos segundos ninguno habló.
Luego él miró el teléfono sobre la mesa.
—Llegó, ¿no?
Valeria asintió.
—Tres semanas.
Damián tomó un sorbo de café.
No reaccionó con sorpresa.
Parecía haber estado esperando exactamente ese número.
—Es rápido —dijo finalmente.
—Sí.
El silencio regresó, pero esta vez estaba lleno de pensamientos.
Valeria lo observó.
—¿Estás bien?
Damián levantó la mirada.
—¿Tú estás bien?
Ella suspiró suavemente.
—Creo que sí.
Damián apoyó la taza sobre la mesa.
—Entonces yo también.
Valeria frunció un poco el ceño.
—Eso suena demasiado fácil.
—No es fácil —respondió él—. Solo es claro.
Ella esperó.
Damián continuó.
—Siempre supimos que nuestras vidas no iban a ser… simples.
—Eso es una forma elegante de decir caóticas.
—Exacto.
Valeria apoyó los codos en la mesa.
—¿Y ahora?
Damián se encogió ligeramente de hombros.
—Ahora simplemente tenemos un nuevo capítulo.
Valeria no pudo evitar sonreír un poco ante esa frase.
—Hablas como si fuera una novela.
Damián la miró con una sonrisa leve.
—Con todo lo que hemos pasado, honestamente… lo parece.
Valeria bajó la mirada un momento.
—Tres semanas —repitió.
Damián dio un paso hacia ella.
—Tres semanas juntos aquí.
Luego añadió con calma:
—Y después veremos cómo escribir lo que sigue.
Valeria levantó la vista.
—¿No te preocupa?
—Claro que sí.
—Pero no parece.
Damián apoyó las manos sobre la mesa, inclinándose un poco hacia ella.
—Porque antes me preocupaba perderte.
Valeria sostuvo su mirada.
—¿Y ahora?
Él respondió con una tranquilidad que la sorprendió.
—Ahora sé que, estemos donde estemos… seguimos eligiéndonos.
Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.
No eran dramáticas.
Eran sinceras.
Y a veces la sinceridad pesa más que cualquier promesa.
Valeria tomó su mano.
—Entonces tendremos que aprender algo nuevo.
—¿Qué cosa?
—Cómo amar… cuando la vida no se queda quieta.
Damián sonrió.
—Eso suena como algo que tú escribirías.
Valeria se levantó de la silla.
—Tal vez lo haga.
Caminó hacia la ventana.
La ciudad ya estaba completamente despierta. Autos, gente caminando, el ruido lejano de la rutina diaria.
Todo seguía avanzando.
Damián se colocó detrás de ella.
—¿En qué piensas ahora?
Valeria respondió sin apartar la vista de la calle.
—En que tres semanas pueden cambiar muchas cosas.
Damián apoyó suavemente la mano en su cintura.
—O pueden confirmar las que ya existen.
Valeria cerró los ojos un segundo.
Quizás el futuro no era una amenaza.
Quizás solo era la siguiente prueba.
Y esta vez, no parecía que ninguno de los dos estuviera dispuesto a rendirse.
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Editado: 05.03.2026