A la fuerza del deseo

Capítulo 78: Cuando Todo Llega Al Mismo Tiempo

El café estaba casi vacío cuando Damián llegó.

Había elegido ese lugar porque era neutral. Ni demasiado íntimo, ni demasiado público. Un punto intermedio donde las conversaciones difíciles podían suceder sin que parecieran un espectáculo.

Clara ya estaba sentada.

No había cambiado tanto como él imaginaba.

Tal vez el cabello un poco más corto. Tal vez la mirada más cansada. Pero seguía teniendo esa forma tranquila de observar el mundo, como si siempre supiera algo que los demás todavía estaban intentando entender.

Cuando lo vio acercarse, se levantó.

—Hola, Damián.

—Hola, Clara.

Durante un segundo dudaron si abrazarse.

No lo hicieron.

Se sentaron frente a frente.

Un silencio breve se instaló entre los dos.

No incómodo.

Solo cargado de años que no habían compartido.

—Gracias por venir —dijo Clara finalmente.

—Tu mensaje sonaba… urgente.

Ella jugueteó con la cucharita de su taza.

—No sabía cómo empezar esa conversación por texto.

Damián apoyó los brazos sobre la mesa.

—Entonces empieza ahora.

Clara levantó la mirada.

—Voy a ser directa.

Eso nunca era una buena señal.

Damián lo sabía.

—Estoy embarazada.

La frase cayó entre ellos como algo sólido.

Pesado.

Inesperado.

Damián parpadeó una vez.

Luego otra.

—¿Y…?

Clara sostuvo su mirada.

—Es tuyo.

El mundo pareció detenerse durante un segundo.

El sonido de las tazas, las conversaciones alrededor, la puerta del café abriéndose… todo se volvió ruido lejano.

—Eso no es posible —dijo Damián lentamente.

Clara asintió.

—Lo sé. También pensé eso al principio.

—Clara, han pasado años.

—No tantos.

Damián pasó una mano por su cabello.

—Nosotros terminamos hace más de un año.

Clara respiró hondo.

—Nueve meses.

El silencio se volvió más denso.

Damián hizo un cálculo mental rápido.

Las fechas.

Los últimos meses de esa relación que había terminado de forma confusa.

Y entonces recordó algo.

Una última noche.

Una despedida que ninguno de los dos había definido realmente como despedida.

—No estoy diciendo esto para complicarte la vida —añadió Clara con suavidad—. Pero necesitabas saberlo.

Damián no respondió.

Su mente estaba intentando ordenar demasiadas piezas al mismo tiempo.

—No quiero nada de ti —continuó Clara—. Ni dinero, ni promesas. Solo… transparencia.

Damián levantó la mirada.

—¿Estás segura?

—Sí.

—¿Completamente?

Clara sostuvo su mirada.

—Me hice dos pruebas.

El silencio volvió.

Pero esta vez ya no era el mismo.

Porque ahora había algo que lo atravesaba todo.

Consecuencias.

Al mismo tiempo, en el departamento, Valeria seguía mirando la pantalla de su laptop.

La cláusula no desaparecía.

No importaba cuántas veces la leyera.

Contrato internacional con permanencia mínima obligatoria de dos años.

Dos años.

Valeria cerró los ojos un momento.

Eso no era lo que le habían explicado.

El traslado que había aceptado implicaba un cambio mucho más grande de lo que había imaginado.

No era una oportunidad temporal.

Era prácticamente una nueva vida.

Tomó el teléfono y volvió a leer el correo.

Había una nota al final.

"La cláusula es estándar para posiciones de liderazgo en el proyecto."

Valeria apoyó la cabeza en la mano.

Dos años.

Eso significaba algo muy concreto.

La relación con Damián no iba a enfrentarse a una distancia temporal.

Iba a enfrentarse a una vida completamente separada.

El teléfono vibró en su mano.

Un mensaje de Damián.

"La reunión con Clara está tardando un poco más. Hablamos cuando llegue."

Valeria miró el mensaje.

Durante un segundo pensó en contarle lo del contrato.

Pero algo dentro de ella dudó.

No porque quisiera ocultarlo.

Sino porque sentía que ese tipo de conversación no podía ocurrir por teléfono.

Dejó el celular sobre la mesa.

El departamento estaba silencioso.

Demasiado silencioso.

Y por primera vez desde que empezó todo esto… Valeria sintió una inquietud que no sabía exactamente cómo nombrar.

En el café, Damián seguía sentado frente a Clara.

—¿Qué quieres que haga con esta información? —preguntó finalmente.

Clara negó suavemente.

—Nada.

—Eso no tiene sentido.

—No te estoy pidiendo que regreses a mi vida.

—Pero—

—Solo quería que supieras que existe.

La frase lo dejó en silencio.

Porque ahora la pregunta era inevitable.

—¿Y qué vas a hacer?

Clara bajó la mirada hacia su taza.

—Seguir adelante.

Damián sintió algo extraño en el pecho.

No era culpa.

No era miedo.

Era… responsabilidad.

Cuando salió del café, el aire de la tarde se sintió más pesado.

Sacó el teléfono del bolsillo.

Un mensaje sin leer de Valeria.

Solo una línea.

"Tenemos que hablar cuando llegues."

Damián se quedó mirando la pantalla.

No sabía exactamente por qué…

pero tuvo la sensación muy clara de que, en ese mismo momento, la vida de ambos estaba cambiando otra vez.

Y esta vez…

tal vez más de lo que estaban preparados para manejar.




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