El laboratorio olía a desinfectante y a algo metálico.
Damián nunca había pensado demasiado en ese tipo de lugares. Para él siempre habían sido sitios impersonales, de paso rápido. Un análisis, un resultado, una salida.
Pero ese día el tiempo parecía avanzar más lento.
Clara estaba sentada frente a él, con los brazos cruzados sobre el pecho. No parecía nerviosa. Tampoco tranquila.
Solo… cansada.
—No pensé que terminaríamos aquí —dijo ella finalmente.
Damián levantó la mirada.
—Yo tampoco.
Entre ellos había una pequeña mesa blanca y un formulario que ambos ya habían firmado.
La prueba de paternidad.
Un simple procedimiento médico que, sin embargo, tenía el poder de cambiar muchas vidas.
Un técnico salió del pequeño consultorio y los llamó.
—Señor Damián.
Damián se levantó.
El procedimiento fue rápido. Un hisopo. Un par de instrucciones. Nada dramático.
Pero cuando regresó a la sala de espera, Clara lo miró con una mezcla de curiosidad y tensión.
—¿Y ahora?
Damián se sentó.
—Ahora esperamos.
—¿Cuánto?
—Tres días.
Clara dejó escapar una risa corta.
—Tres días para decidir el resto de nuestras vidas.
Damián no respondió.
Porque no era una exageración.
Tres días podían definir demasiadas cosas.
Esa noche, Valeria llegó tarde al departamento.
Había pasado el día entero en reuniones, intentando concentrarse en cifras, estrategias y presentaciones que de pronto se sentían menos importantes.
Cuando entró, encontró a Damián sentado en el sofá con una botella de agua en la mano.
—¿Ya lo hiciste? —preguntó suavemente.
Damián asintió.
—Sí.
Valeria dejó su bolso sobre la mesa.
—¿Cómo te sientes?
Damián tardó unos segundos en responder.
—Como si estuviera esperando un veredicto.
Valeria caminó hacia él y se sentó a su lado.
—Tres días pasan rápido.
—No cuando estás pensando demasiado.
Valeria lo miró con atención.
—¿Estás pensando en irte?
Damián frunció ligeramente el ceño.
—¿Irme?
—Si el bebé es tuyo.
Damián entendió la pregunta.
—No lo sé.
Valeria bajó la mirada.
—Es una respuesta honesta.
Damián apoyó los codos en las rodillas.
—Si es mío, no voy a desaparecer.
—Lo sé.
—Pero tampoco sé qué significa exactamente “estar”.
Valeria lo observó.
—Significa muchas cosas diferentes.
Damián levantó la vista hacia ella.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Dónde encajas tú en todo esto?
Valeria no respondió de inmediato.
Porque esa era la pregunta que llevaba días evitando.
Finalmente habló.
—No lo sé.
La sinceridad entre ellos ya no era brutal como antes.
Ahora era tranquila.
Pero seguía siendo difícil.
Damián apoyó la espalda en el sofá.
—Tres semanas y te vas.
—Sí.
—Y en tres días sabremos si voy a ser padre.
Valeria soltó una pequeña exhalación.
—La vida tiene un sentido del humor extraño.
—Eso es una forma elegante de decir que todo está explotando al mismo tiempo.
Valeria sonrió apenas.
—Sí.
Hubo un silencio.
Pero esta vez no era incómodo.
Era el tipo de silencio que aparece cuando ambos están procesando la misma realidad.
Damián habló primero.
—Si el bebé es mío… las cosas van a cambiar.
—Lo sé.
—Y no quiero que sientas que tienes que quedarte por eso.
Valeria lo miró con sorpresa.
—¿Quedarme?
—Renunciar a irte.
Valeria negó lentamente.
—Damián… si algo he aprendido en todo esto… es que las decisiones tomadas por culpa siempre terminan rompiendo algo después.
Damián asintió.
—Estoy de acuerdo.
Valeria lo miró unos segundos más.
—Pero tampoco voy a fingir que esto no me afecta.
Damián frunció ligeramente el ceño.
—¿A qué te refieres?
Valeria habló con calma.
—Si vas a ser padre… tu vida va a girar alrededor de eso.
—Probablemente.
—Y la mía va a estar en otro país.
Las palabras eran simples.
Pero el significado detrás de ellas era enorme.
Damián la observó con atención.
—¿Eso te asusta?
Valeria lo pensó.
—No.
—¿Entonces?
Ella lo miró directamente.
—Me hace preguntarme si estamos entrando en una etapa donde el amor ya no es la única variable.
Damián dejó escapar una pequeña risa cansada.
—Creo que esa etapa empezó hace rato.
Valeria apoyó la cabeza en el respaldo del sofá.
—Tal vez.
El departamento estaba en silencio.
La ciudad seguía viva al otro lado de la ventana.
Después de un momento, Damián habló otra vez.
—¿Sabes qué es lo que más me asusta?
Valeria giró la cabeza hacia él.
—¿Qué?
Damián tardó un segundo en decirlo.
—Que cuando por fin encontramos una forma de estar bien… la vida decidió probar cuánto de verdad era eso.
Valeria lo observó en silencio.
Luego tomó su mano.
—Tal vez no es una prueba.
—¿Entonces qué?
Valeria pensó un momento.
—Tal vez es simplemente la vida siendo… vida.
Damián entrelazó sus dedos con los de ella.
—Eso suena menos poético de lo que esperaba.
Valeria sonrió ligeramente.
—La vida rara vez es poética cuando la estás viviendo.
El silencio volvió.
Pero esta vez ninguno intentó llenarlo.
Porque ahora había una cuenta regresiva invisible entre ellos.
Tres días.
Tres días para descubrir una verdad.
Y algunas verdades no solo cambian el presente.
También cambian el futuro que creías posible.
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Editado: 17.03.2026