A la fuerza del deseo

Capítulo 87: Lo Que Sí Fue

El último día no empezó con prisa.

No hubo alarmas urgentes ni carreras innecesarias.
El tiempo, irónicamente, se volvió más lento justo cuando menos quedaba.

Valeria despertó antes que Damián.

Se quedó mirándolo unos segundos, en silencio.

No como alguien que observa por costumbre…
sino como alguien que intenta guardar algo que sabe que no podrá repetir.

La forma en que su respiración era tranquila.
El leve desorden en su cabello.
La manera en que, incluso dormido, parecía seguro de sí mismo.

Memorizó todo.

Porque sabía que no iba a ser igual la próxima vez.

Si es que había una próxima vez.

—Estás pensando demasiado.

La voz de Damián la sacó de su concentración.

Valeria parpadeó.

—¿Desde cuándo estás despierto?

—Desde que empezaste a mirarme como si fuera a desaparecer.

Ella soltó una pequeña risa.

—Tal vez lo estás.

Damián no respondió de inmediato.

Solo la miró.

—O tal vez eres tú.

El silencio que siguió no fue incómodo.

Fue real.

No hablaron de la despedida.

No hicieron planes para ese momento.

Como si ambos entendieran que ponerle forma lo haría más definitivo.

Más difícil.

—Vamos a salir —dijo Damián de pronto.

Valeria frunció el ceño.

—¿A dónde?

—No lo sé.

Ella lo miró.

—Eso suena a ti.

—Eso suena a nosotros.

Y tenía razón.

Salieron sin rumbo.

Como la primera vez.

Sin destino claro.
Sin expectativas.

Solo caminando.

Pasaron por lugares que no eran importantes…
pero que lo habían sido todo en algún momento.

Una cafetería donde discutieron por primera vez.
Una esquina donde se ignoraron durante días.
Un parque donde, sin darse cuenta, dejaron de ser enemigos.

—Es curioso —dijo Valeria mientras caminaban—. No recuerdo exactamente cuándo dejamos de odiarnos.

Damián sonrió ligeramente.

—Yo sí.

Ella lo miró.

—¿Cuándo?

—Cuando empezaste a importarme más de lo que quería admitir.

Valeria bajó la mirada.

—Eso suena peligroso.

—Lo fue.

Silencio.

—Lo sigue siendo —añadió él.

Ella no discutió eso.

Se sentaron en una banca.

El sol comenzaba a caer.

Ese tipo de luz que no dura mucho… pero lo cambia todo.

—¿Sabes qué es lo que más me cuesta? —preguntó Valeria.

Damián la miró.

—¿Qué?

Ella dudó un segundo.

—Aceptar que esto fue real… y aun así puede no durar.

Damián apoyó los codos en sus rodillas.

—Lo real no se mide por cuánto dura.

Valeria lo miró.

—Entonces, ¿por qué se siente como una pérdida?

Damián pensó un momento.

—Porque estamos acostumbrados a que lo valioso se quede.

Valeria soltó una pequeña exhalación.

—Y esto… no se queda.

Damián la miró directamente.

—Esto ya se quedó.

La frase la desarmó más de lo que esperaba.

El viento movió ligeramente su cabello.

Valeria lo acomodó sin pensar.

—Fuiste lo más inesperado de mi vida.

Damián sonrió apenas.

—Eso no suena a cumplido.

—Lo es.

Silencio.

—Nunca planeé quererte.

—Yo tampoco.

—Y aun así…

—Aquí estamos.

Se miraron.

Y esa mirada llevaba todo.

Las discusiones.
Las heridas.
El orgullo.
El deseo.
La forma en que aprendieron a no romperse cada vez que algo dolía.

—No me arrepiento de haberte conocido —dijo Valeria.

Damián negó suavemente.

—No digas eso como si fuera una despedida.

Ella sostuvo su mirada.

—No lo estoy diciendo como despedida.

—Entonces, ¿cómo?

Valeria respiró profundo.

—Como algo que necesito que sepas… pase lo que pase después.

El aire se volvió más denso.

Más honesto.

Damián se acercó un poco más.

—Yo tampoco me arrepiento.

Valeria sonrió apenas.

—Ni de las peleas.

—Especialmente de las peleas.

Ella soltó una risa baja.

—Eras insoportable.

—Tú también.

—Sigo siéndolo.

—Sí… pero ahora me gusta.

Silencio.

Pero esta vez tenía algo más.

Calidez.

El sol estaba casi desapareciendo.

Y con él… el día.

Valeria habló en voz baja.

—Si esto termina aquí…

Damián frunció el ceño.

—No hables así.

—Déjame terminar.

Él asintió.

—Si esto termina aquí… quiero que sepas que fue suficiente.

La frase lo golpeó.

—Valeria…

—No perfecto. No fácil. No eterno.

Lo miró.

—Pero suficiente.

El silencio que siguió fue profundo.

Porque esa no era una frase de resignación.

Era una de aceptación.

Damián tomó su mano.

—Para mí no es suficiente.

Valeria lo miró.

—Lo sé.

—Yo quiero más.

Ella apretó ligeramente sus dedos.

—Yo también.

Silencio.

—Pero querer no siempre alcanza.

Damián no respondió.

Porque esa era una de las pocas verdades que no podía discutir.

Se levantaron cuando la luz ya casi no estaba.

Caminaron de regreso sin prisa.

Sin hablar demasiado.

Como si ambos estuvieran guardando lo poco que quedaba.

Esa noche, el departamento se sintió diferente.

No vacío.

Pero sí… consciente.

De que todo estaba a punto de cambiar.

Se quedaron frente a frente.

Muy cerca.

Sin tocarse aún.

—Mañana… —empezó Damián.

Valeria negó suavemente.

—Mañana no.

—¿Por qué?

—Porque si empezamos a hablar de mañana… este momento se acaba antes de tiempo.

Damián la observó unos segundos.

Y luego asintió.

Se acercaron.

Lento.

Sin urgencia.

Como si ya no tuvieran que demostrar nada.

El beso no fue como los primeros.

No hubo choque.

No hubo intensidad desbordada.

Fue… distinto.




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