¡a la orden jefa!

Capítulo 4

-Ponte cómodo mientras me alisto, no voy a tardar mucho. Otra cosa, si quieres ver la televisión ahí está el control, adelante.

-No, estoy bien gracias- me dice un Dilan algo avergonzado.

Me dirijo a mi cuarto y hago mi selección de ropa para meterme a la ducha, después de que salgo escucho levemente unas voces en la sala, probablemente Laila ya llegó y está incordiando a Dilan.

Me visto y creo toda una historia por si alguien llegara a preguntarnos algo durante la cena, lo cuál dudo mucho que pase, pero por si acaso.

Me pongo la peluca y me maquillo sutilmente para no abusar del tiempo, voy elegante, con un vestido rojo sangre que tiene un escote en v y una falda con una abertura a un lado, es bastante bonito, en cuanto a la peluca es de un tono castaño claro y casi se me olvida ponerme los lentes de contacto cafés, también debo mencionar que llevo unos tacones medio altos de color negro.

Antes de salir de la habitación ya han cesado las voces, pero ahora escucho pasos por el pasillo, salgo y lo que veo es a Laila cerrando la puerta con furia, camino hasta la sala y veo a Dilan que tiene una cara de preocupación, o eso creo.

-¿Pasó algo con ella?-. Me atrevo a preguntar consiguiendo así su atención- No, nada, vaya, estás radiante, pero me gusta más tu rubio natural y...espera ¿Estás usando lentes de contacto verdad? Porque recuerdo perfectamente que tus ojos eras celestes.

-Gracias por el cumplido, y ya te lo dije, tengo que cambiar mi look totalmente o van a saber quién soy, ahora ¿Nos vamos?

-Sí, vamos.

Bajamos del edificio y subimos al coche, conduzco hasta que llegamos al restaurante que a decir verdad hice una muy buena elección con la decoración, siempre soy yo la que se encarga personalmente del diseño de los restaurantes.

Entramos al edificio y en recepción nos piden la reservación, se las doy porque ya tenía planeado esto desde hace días.

-¿Para dos?- me interroga Dilan-. Sí, ya tenía planeado que alguien viniera conmigo, si no eras tú era Rose, sí no era Rose era Miranda- le explico como si fuera lo más obvio del mundo.

Un joven viene a nuestro encuentro y nos dirige a la mesa, nos sentamos y este nos da los menús.

-¿Son pareja?- me deja sorprendida lo que nos pregunta el mesero, siempre he especificado que estos no deben hacerle preguntas personales a los clientes para evitar problemas.

-Sí, estamos aquí por nuestro aniversario- le respondo con una sonrisa y William me ve con asombro-. Vaya, ¿Cuánto tiempo llevan juntos?

-Cinco años- responde Dilan siguiéndome la historia.

-Llevan juntos mucho tiempo, felicidades. Bueno, los dejo para que vean el menú, llámenme cuando estén listos para ordenar- nos dice el mesero de nuestra noche.

-Entonces ahora llevamos cinco años juntos y apenas nos conocimos hace una semana y unos cuantos días, interesante- me río por su comentario.

-Bueno en ese caso debería conocerte mejor, apenas sé que trabajas para mí y que trabajaste para el gran magnate Terrence, pero ¿Qué hay de tí? ¿Qué te gusta?- le pregunto mientras examino el menú y lo dejo a un lado sabiendo perfectamente lo que ordenaré.

-Soy alguien sencillo, me gusta leer y dibujar, aunque esto último no se me da, amo la música y debo confesar que no soy una persona apasionada al deporte, me gusta estar en forma, pero sólo eso- me dice con su mirada penetrante la cuál aparta para llamar al mesero que llega en seguida.

-¿Qué van a ordenar?- pregunta con tono suave y relajado, hacemos nuestros pedidos y continuamos hablando.

-¿Qué hay de tí? No creo que lo que sale en entrevistas sea todo sobre tí.

-¿Ves mis entrevistas?- cuestiono con gracia y algo curiosa por lo que acaba de decir-¡No! Pero es difícil si estamos hablando de tí, aunque igualmente no es como que siempre vea tus entrevistas, sólo es que...

-Ya entendí William- lo interrumpo para que no se ponga más en vergüenza.

-¿Por qué me llamas William y no Dilan? Últimamente he notado que me has estado llamando William- me suelta la pregunta dejándome algo sobre saltada sin que lo note-. Sólo lo digo por curiosidad.

-En realidad no sé, me gusta llamarte así- le confieso.

En un rato más llega nuestra comida pero nos sorprendemos cuando el mesero se queda junto a nosotros unos momentos más.

-¿Podía tomar el atrevimiento de pedirles que se den un beso por su aniversario? No creo que haya problema- nos cuestiona dejándonos con horror por lo que pueda pasar, pero no puedo negar que estoy tentada a probar sus labios.




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