¡a la orden jefa!

Capítulo 6

William y yo terminamos de organizar todo lo de la empresa y lo invito a cenar, pedimos una pizza y mientras esperamos ponemos una película.

Cuando la pizza llega la servimos y continuamos viendo la película, no hablamos de nada por estar concentrados en lo que hay en la TV.

Se hace algo tarde y lo invito a quedarse a dormir porque ya es demaciado tarde.

-No te preocupes, puedo ir a mi apartamento, además de que ya he abusado mucho de tu hospitalidad-. Me dice él algo apenado.

-Puedes quedarte, no hay ningún problema, además son las...- veo el reloj- 11:36pm, ya casi es media noche, no puedo permitir que te vayas así.

Me mira algo indeciso y acepta derrotado. Le muestro dónde dormirá y le digo que mañana no hace falta que vaya tan temprano a trabajar, ya que en cuanto salga de aquí probablemente quiera ir a su apartamento para cambiarse o hacer algo.

En ese momento me levanto y llevo los platos al fregadero y los lavo, me doy la vuelta y él ya no está en la sala. Voy directa a mi habitación y me sobresalto cuando me lo topo de frente saliendo del cuarto de invitados y quedando muy cerca uno del otro.

-Disculpa, no fue mi intención-. Me dice rápidamente apartándose de mí, puedo ver que en su rostro hay un leve color carmín, pese que lo trate de ocultar lo logro ver sin mucho esfuerzo, lo detallo más y tiene la mirada baja, con las manos juntas y una muy suave sonrisa, lleva el pelo algo desordenado y ya no lleva su saco, ahora lo que lleva es solamente su camisa blanca, sus pantalones y va en medias.

-De casualidad no tendrás ropa de hombre aquí, no creo, pero todo es posible.

-Pues creo que tengo algo que me había comprado para un pijama, puede que te sirva-. Le comento cuando viene a mi mente el recuerdo de cuando compré las prendas, son más grandes que yo, mucho, así que es posible que le funcione.

-Puede- sonrío y los guío a mi cuarto para dárselas. Busco en mi armario y veo de reojo que está analizando mi habitación.

-¿Cómo es que ningún paparazzi te acosa?- me cuestiona de repente.

-¿Quién te ha dicho que no?- le respondo una pregunta con otra.

-¿Entonces por qué no tienes guardias o algo?

-Claro que los tengo, pero sólo en algunas ocasiones los necesito, además de que mi rutina no se extiende más de aquí al trabajo y del trabajo aquí. Tengo mi propio auto el cual estaciono en parqueos privados todo el tiempo, por lo cual los paparazzi no me ven mucho. Además de que recuerdo que una vez mencioné algo sobre ser violenta si alguien se acercaba demás, así que creo que me tienen miedo.

William se ríe por lo último que dije y justo saco el pijama, se lo entrego y el va a provarselo, en cuanto lo veo me deja casi boquiabierta.

Nunca lo había visto con ropa holgada y se ve fabuloso, el pijama es azúl así que resalta todos sus rasgos. Dios, es jodidamente perfecto.

-¿Qué tal me queda?- Pregunta como si no se diera cuenta de cómo está.

-¿En serio me estás preguntando? Porque no creía que te quedaría tan bien.

Me mira extrañado y ahora soy yo la extrañada, ¿Qué sucede?

-No esperaba esa respuesta.

Casi inconscientemente me acerco y le toco el pecho, se siente súper bien, es un hombre con buen cuerpo, no tiene demasiado músculo, pero sí lo suficiente.

-¿Sucede algo?- me cuestiona con demasiada confusión en su voz, subo la mirada y veo esas esmeraldas penetrando mi mirada.

Logro ver confusión absoluta en estas, para este punto ya no sé lo que hago y rodeo su cuello con mis brazos, me inclino hacia arriba y beso aquellos labios que hace no mucho besé.

Cuando me separo me doy cuenta de lo que está pasando, me alejo y entro en pánico.

-Disculpa, esto no debió haber pasado, fue mi culpa, no debí haberte besado, eso estuvo muy mal, es que yo...- En eso me toma por sorpresa tomándome por la cintura e interrumpiendo lo que estaba diciendo-Oye, oye, tranquila, no pasa nada, después de todo yo nunca te detuve, también es culpa mía, pero más importante ¿Te gustó?

¿Qué acaba de preguntarme esto hombre? Está loco si cree que no, me provocó unas ganas de besarlo inmensas y ahora no puede creer que me haya gustado.

-¿Pero qué dices? Estás loco, claro que sí, pero tiene que ser la fiebre, ya te enfermaste por mi culpa.

-Han, no me enfermé, y aunque fuera así q mí también me gustó.

Abro la boca sobre saltada y ahora es él el que la asalta con desesperación, le sigo el beso sin estar consiente y cuando nos separamos para conseguir algo de aire comienza una noche inolvidable.




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