A la sombra de lo que brilla

Cap 3 inseguridades

La habitación de Alba estaba en silencio.

Solo la luz del celular iluminaba su rostro.

El video ya llevaba varios minutos reproduciéndose. Era la entrevista.

Ariadna hablando con seguridad. Dalila respondiendo con calma. Las dos… tan cómodas.

Tan seguras.

Alba no parpadeaba.

Cuando escuchó su nombre, subió un poco el volumen.

—“…Alba era muy pequeña cuando todo pasó…”

Pausó el video.

La pantalla quedó congelada en el rostro de Dalila.

Alba dejó el celular a un lado.

Se quedó quieta.

Luego se levantó.

Caminó hasta el espejo.

Se miró.

No era fea.

Lo sabía.

Pero tampoco era…

Apretó los labios.

—No eres ellas…

Volvió a la cama.

Tomó el celular.

Abrió redes.

Ariadna. Videos. Gente cantando sus canciones.

Dalila. Fotos, campañas, comentarios sobre su rostro, su presencia.

Se detuvo en una foto donde salían las tres.

La observó más de lo normal.

No había comentarios malos.

Pero eso no importaba.

“Ellas destacan más…”

“Tú no encajas…”

“No tienes nada especial…”

Bloqueó el celular.

Lo dejó caer.

—Seguro eso es lo que piensan…

Por la mañana, la casa tenía ese movimiento tranquilo de rutina.

Dalila ya estaba lista, revisando algo en su celular.

—Me voy —dijo, agarrando su bolso—. Tengo la sesión temprano.

Ariadna estaba en la cocina.

—¿Desayunaste?

—Algo rápido.

Ariadna frunció un poco el ceño.

—Luego te quejas de que te mareas.

Dalila sonrió apenas.

—Estoy bien, mamá.

Ariadna le lanzó una mirada.

—No soy tu mamá.

—A veces sí.

Ambas sonrieron.

Antes de salir, Dalila miró a Alba.

—¿Hoy tienes clases?

—Sí.

—¿Hasta tarde?

—No. Salgo temprano.

Dalila asintió.

—Perfecto. Descansa cuando llegues.

—Ajá.

Dalila se acercó a Ariadna.

—No hagas nada raro en tu día libre.

—Cállate.

—Te conozco.

Se rieron.

Y Dalila salió.

Un rato después, Alba también se fue.

Las clases pasaron rápido.

Demasiado.

Escuchó su nombre una vez.

Luego otra.

No directamente.

Nunca directamente.

Pero siempre ahí.

Cuando terminaron, no se quedó.

Salió sin mirar atrás.

En casa, el timbre sonó.

Ariadna caminó hacia la puerta.

Abrió.

Y sonrió de inmediato.

—Esmeralda.

—Hola.

Se abrazaron con naturalidad.

—Pasa.

Esmeralda entró, mirando alrededor con familiaridad.

—Hace tiempo que no venía.

—Sí… desde el videoclip.

Ariadna cerró la puerta.

—Aunque igual hablamos seguido.

Esmeralda sonrió.

—Sí, eso sí. Siempre terminamos poniéndonos al día por mensaje.

—O llamadas eternas —añadió Ariadna con una pequeña risa.

—Exacto.

Caminaron hacia la sala.

—¿Quieres algo? —preguntó Ariadna—. Agua, café…

—Agua está bien.

Ariadna fue a la cocina.

Esmeralda se quedó mirando el lugar.

Fotos, detalles, cosas personales.

No era solo una casa bonita.

Era una casa vivida.

La puerta se abrió.

Alba entró.

Se detuvo al ver a alguien más.

Ariadna salió de la cocina con el vaso.

—¿Ya llegaste?

—Sí.

—Ven.

Ariadna sonrió con suavidad.

—Ella es Esmeralda, trabajamos juntas en un videoclip. Te hablé de ella.

Esmeralda se puso de pie.

—Un gusto, Alba.

Alba la miró.

—Sí… te he visto.

No sonrió.

Pero tampoco fue completamente grosera.

Ariadna no lo notó.

—¿Cómo te fue?

—Normal.

—¿Muchas clases?

—No.

Ariadna se acercó un poco más.

—¿Comiste algo?

—No tenía hambre.

Ariadna frunció un poco el ceño.

—Deberías comer aunque sea algo ligero.

Alba encogió los hombros.

—Luego.

Ariadna bajó un poco la voz.

—Hablamos de ti en la entrevista… luego te la enseño si quieres.

Alba soltó una risa pequeña.

—¿Para qué?

—Porque eres parte de esto —respondió Ariadna—. De nosotras.

Alba la miró.

—Ustedes son eso. No yo.

El silencio fue inmediato.

Ariadna no respondió al instante.

—No es así.

Alba desvió la mirada.

—Da igual.

Ariadna intentó suavizar.

—Oye… si alguien te dice algo en la escuela o—

—No es la escuela —cortó Alba.

Un segundo.

Dos.

Ariadna se quedó quieta.

—Entonces dime qué es.

Alba negó levemente.

—No importa.

Tomó su celular.

—Tengo cosas que hacer.

Y sin mirar a ninguna de las dos, se dio la vuelta.

Subió las escaleras.

La puerta de su cuarto se cerró.

El silencio quedó en la sala.

Ariadna soltó un suspiro suave.

—Perdón… no suele ser así.

Esmeralda miró hacia las escaleras.

—¿No?

—No tanto.

Se sentó.

—Últimamente está más distante.

Esmeralda no apartó la mirada.

—No parece solo distancia.

Ariadna la miró.

Pero no respondió.

El silencio no duró mucho.

Ariadna se acomodó en el sofá, como si intentara dejar atrás ese momento.

—Oye —dijo Esmeralda, cambiando el tono—, ¿y Dalila al final sí terminó con Elio?

Ariadna asintió.

—Sí… hace un tiempo ya.

Esmeralda apoyó el codo en el sofá.

—Me acuerdo de él. es el fotógrafo de la sesión en la playa, ¿no?

Ariadna sonrió apenas.

—Ese mismo.

—Hacían buena pareja.

Ariadna soltó una pequeña exhalación.

—Sí… pero tú sabes cómo es Dalila.

Esmeralda rió un poco.

—Sí, no es de las que se quedan donde no están cómodas.

—Ni donde no la dejan crecer —añadió Ariadna.

Hubo una pequeña pausa.

—Al principio todo bien —continuó—. Él era atento, muy metido en su trabajo… y también muy metido en ella.




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