A las 12 en punto

Capítulo único

En el mundo hay millones de personas y, cada uno, tiene una forma de ser. Nadie es igual a otro, ni siquiera sería real. Hay personas que nacen para la vida, otras para arruinársela. Las decisiones lo son todo, ¿no?

Jake nació con todo: dinero, fama, lujos y oportunidades que no cualquiera puede tener. ¿Pero eso era lo que él necesitaba realmente?, ¿su felicidad eran aquellos lujos? No, en efecto, no. Sin embargo, le gustaba administrar su empresa. Ser el jefe y llevar a su manera el poder. Aunque su padre le haya estado diciendo qué hacer cada que podía, ya que él había sido el primero en hacer de aquella compañía una de las mejores en todo el país.

Fue a visitar a su difunta madre por la tarde y, al saber que su padre no estaría en casa, fue a visitar... a su otra madre.

La mujer que descansaba en su tumba le había dado la vida, lo había cuidado y enseñado todo lo que sabía en la actualidad. La mujer que lo esperaba en casa, era la actual esposa de su padre. Pero no se quejaba en lo absoluto. Había aprendido a amarla con dulzura, porque ella había demostrado ser una muy bella persona.

En aquella noche algo salió mal.

Su padre sí llegaría a casa, y lo que no quería que sucediera, terminó pasando: nuevamente discutieron. Jake estaba cansado de que siempre le dijera qué hacer con la empresa, ¡cómo si él no supiera lo suficiente! Ahora le estaba ordenando ir a España para extender bienes raíces de la compañía.

Él no quería ir a España. Su sueño era simple: ir a Noruega a ver las famosas auroras boreales.

Sí, sabía que era algo muy estúpido, pero siempre había escuchado a su difunta madre hablar de ellas. De lo hermosas que eran y que siempre soñó con contemplarlas. Y no sería mala idea ir a extender la empresa a tan alejado país, ¿no? ¿Qué podía perder?

Después de todo, él quería cumplir el sueño de su madre.

Frustrado, salió de casa y condujo hasta el viejo parque que había transitado desde pequeño. Alejado de todos, descansó en una banca, perdido en sus pensamientos. Tenía veintisiete, pero eso no significaba que no le daba miedo intentar nuevas cosas o sentir aquella rabia contra su padre que había sentido cuando era apenas un adolescente.

Como la primera vez que trajo a una joven chica diciendo que era su nueva mujer cuando solo había pasado unos meses desde el fallecimiento de su madre.

Quería beber, pero no podía. En primer lugar, porque nunca había sido fan de ellas y, en segundo, no quería molestar a su mejor amigo para que viniera a conducir por él. Miró el cielo, las estrellas brillaban al lado de la luna llena. Los autos pasaban. Pensó en su madre, pidiendo alguna señal sobre qué hacer. Qué decisión tomar. Irse a España... o a la soñada Noruega.

Bajó la mirada y alguien bajo un faro de luz había llegado. Frunció el ceño. Su ropa era incómoda a diferencia de ella. La joven llevaba un suéter azul de lana nada ajustado y unos jeans del mismo tipo. Jake seguía con el traje de esa mañana.

Ella levantó la mirada. Él pudo notar sus ojos rojos, supuso que eran lágrimas contenidas. Se puso ligeramente nervioso cuando ella caminó hacia la misma banca. Se sentó a su lado. Jake no pudo evitar mirarla unas cuantas veces, ella empezó a sollozar.

No está mal ayudar a otras personas, ¿no?

Pensando aquello, se decidió.

—Disculpa... —hizo que ella lo mirara—. ¿Puedo ayudarte... en algo?

Ella se secó las lágrimas con algo que parecía rabia contenida.

—No, gracias.

Jake tragó saliva. Sabía que cuando una mujer decía «no», simplemente era no. Pero al verla así, tenía aquella amabilidad que quería demostrar, aunque fuera una simple desconocida.

Eso era algo que había aprendido de su madre. Ella era dulce, amable, suave con las personas. Jake siempre conservó todos los recuerdos posibles que podía, aquellos que había pasado con su madre. Como cuando un niño pequeño descansaba sobre una piedra a mitad de la calle, pidiendo algún dinero, y al ver que nadie si quiera lo notaba, ella decidió donarle todo lo que traía. El niño Jake observaba con una suave sonrisa mientras ella le decía: «nosotros ya lo tenemos todo, dar algo no nos dejará en quiebra».

—¿Estás segura? Puedo ayudarte si lo deseas.

—No. Dije que no quiero ayuda, ¿es difícil de entender? —respondió irritada.

Jake se alejó luego de haberse inclinado.

—Está bien. Lo lamento.

Ella lo miró un segundo antes de cruzarse de brazos y volver a mirar a lo que sea que haya estado mirando.

—¿Le ofreces ayuda a todas las mujeres que ves llorar? Qué increíble forma de ligar.

Jake se sintió tan confundido como indignado.

—Me temo que te estás confundiendo. Solo intento ayudar. Es lo que me enseñaron.

—Claro.

—Parece que no has tenido un buen día.

—¿Eso parece? —dijo con sarcasmo.

No quería frustrarse más de lo que ya estaba, así que decidió guardar la calma. ¿Para qué enojarse con una chica que ni conoce?

—Sé que a veces la vida te trata de la peor forma, pero no es el final, ¿sabes?

—¿Qué?

—Que deberías tratar bien a los demás. Que deberías ver de otra manera el mundo en lugar de descargar tu rabia en alguien que no se lo merece. Quizá así te iría mejor.

Ella se sorprendió por un instante, ¿qué derecho tenía él de hablarle de ese modo? Soltó dos respiraciones tranquilas cuando, entre la rabia contenida y la nueva que empezaba a surgir, se mezclaron, haciéndole latir el corazón más rápido de lo normal.

—¿Q-quién te crees para decirme eso?

Jake notó algo extraño en ella. Su mano empezaba a apretar su pecho. Su respiración se agitaba en lo que su ceño se fruncía.

—No soy nadie... nadie importante. Pero, yo solo intentaba ser amable.

—No te pedí eso...

Se apoyó sobre sus rodillas. Él empezó a preocuparse mucho más.

—Oye, ¿estás bien?, ¿qué te pasa?

Ella empezó a hiperventilar.




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