Capítulo 5:
CELOS Y AMENAZAS
Seguía mirándolo como si estuviera decidiendo la forma exacta de enterrarlo.
Su mano permanecía firme en mi cintura y odié el efecto que eso tenía en mí.
Porque me hacía sentir protegida.
Y nadie debería sentirse segura cerca de un hombre como él.
—Ella es mi prometida —dijo finalmente Damiano—. Compórtate como si quisieras seguir respirando.
El hombre levantó ambas manos en señal de rendición antes de desaparecer entre la multitud.
Respiré lentamente.
—Estás loco.
Damiano bajó la mirada hacia mí.
—Eso ya lo sabías.
Intenté apartarme, pero él no me soltó.
—Todos nos están mirando —murmuré.
—Que miren.
Su voz salió demasiado tranquila.
Como si no le importara el mundo entero mientras yo estuviera cerca.
No
Definitivamente no iba a dejarme afectar por eso.
Uno de los hombres se acercó rápidamente a Damiano.
—Necesitan hablar con usted.
Damiano ni siquiera apartó los ojos de mí.
—Quédate a mi lado.
—No soy un perro obediente.
Por primera vez, una sonrisa real apareció en sus labios.
Y honestamente… fue peor que verlo enojado.
Porque era absurdamente hermoso cuando sonreía.
Maldito hombre.
Damiano caminó hacia una mesa apartada donde varios líderes mafiosos discutían algo en voz baja. Yo permanecí cerca intentando ignorar las miradas de todos.
Podía sentirlas.
Curiosas.
Peligrosas.
Algunas mujeres me observaban con evidente envidia.
Otras con lástima.
Como si supieran algo que yo no.
Entonces escuché mi nombre.
—Pobrecita.
Giré rápidamente hacia una mujer rubia con vestido plateado.
Ella sonrió apenas.
—Damiano Romanov no sabe amar a nadie.
Las palabras me golpearon más de lo que deberían.
—No me importa.
La mujer soltó una pequeña risa.
—Eso dicen todas al principio.
Antes de que pudiera responder, disparos resonaron afuera de la mansión.
El caos explotó inmediatamente.
Gritos.
Guardias corriendo.
Armas apareciendo en todas direcciones.
Mi corazón empezó a latir con fuerza mientras todos se movían desesperadamente.
Y entonces sentí una mano sujetarme bruscamente.
Damiano.
—No te separes de mí
Por primera vez desde que lo conocí… sonaba preocupado.
No por él.
Por mí.