Capítulo 6:
BALAS EN LA OSCURIDAD
Eso no sonó nada bien.
Damiano sacó una pistola de su espalda y el simple movimiento fue tan natural que entendí algo aterrador:
Había nacido para ese mundo.
—Escúchame con atención —dijo acercándose a mí—. Pase lo que pase, no te alejes de mí.
—Damiano—
Un fuerte golpe sacudió las puertas principales.
Disparos.
Más gritos.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente y me aferré a su brazo.
Odiaba sentir miedo.
Pero odiaba más sentirme segura solo cuando él estaba cerca.
Los hombres de Damiano comenzaron a disparar hacia la entrada mientras el humo llenaba lentamente el salón.
Todo parecía una pesadilla.
Damiano me llevó rápidamente por un pasillo oscuro lejos de la multitud.
—¿Quiénes son? —pregunté.
—Enemigos.
Qué explicación tan útil. Casi educativa.
Bajamos unas escaleras rápidamente hasta llegar a una habitación escondida detrás de una puerta metálica.
Damiano cerró la puerta y colocó el seguro.
El silencio ahí abajo se sentía extraño después del caos.
Mi respiración seguía acelerada.
—¿Vamos a morir?
Él me observó unos segundos.
—No mientras yo siga respirando.
Las palabras hicieron que mi corazón se detuviera por un instante.
Damiano se acercó lentamente y limpió con el pulgar una pequeña mancha de sangre cerca de mi mejilla.
Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba ahí.
—No es tuya —dijo en voz baja.
Sus dedos seguían rozando mi piel.
Demasiado cerca.
Demasiado suave para un hombre como él.
—¿Por qué haces eso? —susurré.
—¿Qué cosa?
—Actuar como un monstruo… y luego mirarme como si quisieras salvarme.
Por primera vez, Damiano apartó la mirada.
Como si la pregunta hubiera tocado algo que llevaba años enterrado.
Entonces habló.
—Porque los monstruos también tienen algo que perder.
Y justo después, las luces de la habitación se apagaron.