Capítulo 7:
LA OSCURIDAD
La habitación quedó completamente a oscuras.
Mi respiración se aceleró al instante.
—Damiano…
—Shh.
Su voz sonó cerca. Demasiado cerca.
Escuché cómo quitaba el seguro de una pistola mientras afuera resonaban pasos apresurados y gritos lejanos.
El corazón me golpeaba tan fuerte que juraría que podía escucharse en toda la habitación.
Entonces sentí sus manos sujetar mi cintura y acercarme a él.
—Quédate detrás de mí.
—No veo nada.
—Yo sí.
Claro. Porque aparentemente este hombre también podía funcionar como criatura nocturna asesina. Fantástico.
Un ruido metálico se escuchó del otro lado de la puerta.
Alguien intentaba entrar.
Damiano levantó lentamente el arma.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Disparos.
Un grito.
Silencio otra vez.
Mi cuerpo tembló involuntariamente y Damiano lo notó inmediatamente.
—No mires.
Sentí el estómago revolverse.
Esto era real.
La sangre.
Las armas.
La muerte.
El mundo de Damiano Romanov.
Él cerró nuevamente la puerta y se giró hacia mí.
Incluso en la oscuridad podía sentir su mirada sobre mí.
—Mírame.
Negué con la cabeza.
—Tengo miedo.
La confesión salió más débil de lo que quería.
Damiano guardó silencio unos segundos antes de acercarse lentamente.
—Lo sé.
Sus manos sostuvieron mi rostro con una suavidad inesperada.
—Nada va a pasarte.
—¿Cómo puedes prometer eso?
Su frente casi rozó la mía.
—Porque destruiré a cualquiera que intente tocarte.
El aire se volvió demasiado pesado.
Demasiado íntimo.
No entendía cómo un hombre capaz de matar sin dudar podía tocarme como si fuera algo valioso.
Y eso me aterraba más que los disparos.
Entonces las luces volvieron de golpe.
Parpadeé varias veces hasta acostumbrarme.
Y ahí estaba él.
Tan cerca que podía sentir su respiración.
Sus ojos claros bajaron lentamente hacia mis labios.
Mi corazón prácticamente dejó de funcionar.
—Damiano…
Alguien golpeó la puerta desde afuera.
—¡Señor Romanov!
El momento se rompió inmediatamente.
Damiano cerró los ojos un segundo, claramente irritado por la interrupción, antes de apartarse de mí.
La distancia repentina se sintió extrañamente fría.
Él abrió la puerta y uno de sus hombres apareció cubierto de sangre.
—Los sacamos de la propiedad. Pero encontramos algo.
Damiano endureció la expresión.
—¿Qué cosa?
El hombre dudó antes de responder.
—Alguien dentro de la mansión los ayudó a entrar.》