Capítulo 8 :
DAMIANO
Nunca debí mirarla tanto.
Ese fue mi primer error.
La observé mientras caminaba por el salón con aquel vestido rojo y entendí inmediatamente por qué los hombres no dejaban de verla.
Y odié eso.
Odié cada mirada puesta sobre ella.
Cada segundo en que alguien más respiraba demasiado cerca.
No era normal.
Yo no era un hombre celoso.
Los celos eran una debilidad. Y las debilidades conseguían que la gente muriera en mi mundo.
Pero entonces ella me miraba con esos ojos llenos de odio y desafío… y por primera vez en años, olvidaba cómo pensar con claridad.
Ella debía ser solo un acuerdo.
Un apellido.
Una alianza.
No una distracción.
Mucho menos una obsesión.
—Señor Romanov.
La voz de Nikolai me sacó de mis pensamientos.
—Encontramos al traidor.
Apreté lentamente la mandíbula.
Porque si alguien había puesto en peligro a esa chica…
Iba a convertir aquella noche en una masacre.