—Y entonces he llegado hasta aquí.
—¿Hasta dónde?
—Hasta donde pensé que no llegaría.
—¿Para qué?
—Para hacer lo que pensé que no haría.
—¿Por qué?
—Porque me he enamorado de alguien a quien ahora le escribo, entregándole una parte de mí.
—¿Y ahora qué harás?
—Ahora toca hacerla eterna.
—¿Cómo?
—Con las palabras que inspira su ser.
—¿Lo sabe?
—¿Qué, exactamente, debe saber?
—¿Sabe que es tu musa?
—Dice que sí, pero no creo que sepa verdaderamente lo que significa ni el impacto que tiene.
—¿Lo valora?
—No lo sé. No importa: es su impacto en mí lo que provoca mi locura; con quererla me basta. El valor que le dé es secundario.
—¿No crees que es una locura?
—Lo es, pero por amor se cometen locuras: el amor es, en parte, la propia locura.
—¿Y si termina mal?
—Termine como termine, agradeceré lo bueno; lo malo solo será sombra.
—¿Comprendes la magnitud de esto que estás haciendo?
—Mucho más de lo que creí comprenderlo. Sé que las palabras son eternas y que, de alguna forma, esto será imborrable.
—¿Aceptas tomar ese riesgo?
—Sí, en la vida es necesario arriesgarse.
—¿Y si te olvida?
—Seguiré tranquilo; no estoy acostumbrado a ser parte del recuerdo.
—¿Entonces es amor lo que sientes?
—No lo sé. No sé completamente qué es esto, ni si es amor; nadie comprende con exactitud qué significa amar (y yo no soy la excepción). Lo único que sé es que ha valido la pena; que sacar este sentimiento ha sido uno de los actos más hermosos que he hecho en mi vida.
—Y, a todo esto, ¿quién es ella? ¿Qué es ella? ¿Cómo es ella?
—Ella es lo que no puedo definir y, aun así, puedo decirte que sé que existe; que puedo sentir que es real por todo lo que inspira en mí. ¿Qué es? Pues mis ojos la ven como una de esas casualidades raras que impactan de una manera que quizás nunca lleguemos a comprender. ¿Y cómo es? Pues creo tener una idea, pero toda idea de un ser humano —hasta la idea que uno tiene de sí mismo— es vaga, por lo que no me atrevería a asegurar ni precisar nada. Aunque puedo decirte que es como el mar cuando lo miras con ojos de admiración: sus olas van y vienen dando tranquilidad; a veces con aguas calmadas y otras veces tensas que dan miedo. Y la he visto ser como la noche, llena de misterios que no comprendes del todo, pero cuya llegada te llena de una calma que pocas veces consigues tener.