No eres tú, no soy yo;
un trago dulce de alcohol me acompaña.
La noche es fría, la lluvia cae;
mi mente arde, pero me deja frío.
Es tu sonrisa la que me alegra y también la que me ahoga.
Calla, no digas nada; me gusta que hables.
Dices poco, transmites mucho;
y por alguna razón que no sé explicar te odio,
pero no a ti, sino al sentimiento.
¿Cuál sentimiento?
Tampoco lo sé.
No me preguntes,
no busques respuestas;
solo soy, pero quizás no soy nada.
¿Has pensado en mí alguna vez?
Lo dudo.
Piensas, más bien imaginas;
no eres, no soy, vas, vienes.
¿Sonríes para ti?
Qué absurdo,
me estaba mintiendo.
Sonreí para ti.
¡Qué estúpido! No miraste.
¿Te he dicho lo que siento?
No lo has escuchado; mejor callo.
Solo son ladridos,
importa poco; tú no me oyes.
Yo grito, pero ahogo las palabras.
¿Me quieres?
No sé por qué pregunto.
Danzas, esquivas, apuñalas;
no eres así, así eres: contradicción.
Amor del bueno, sobras de amor.
¿Te quiero? Absurdo.
No te lo he dicho, no lo has visto.
Lo he demostrado,
me he condenado, estoy feliz.
Ando intranquilo, noches en vela,
sombras de días, días de sombras.
Escombros de mi alma:
salva lo que queda,
vuela cerca, mira lejos.
Pídeme que florezca,
rompe mi raíz,
tira mis frutos, envenena mi tierra;
deja que te riegue, mírame correr,
haz que te deje, hazme volver.
Fija mis pasos, borra mis huellas,
sonríe por mí, llora por ellos.
Grítale al sol, susurra a la luna,
háblale al silencio, atrapa al viento.
Me despido, pero no me voy.
Despídete, no te quedes.
No seas yo, sé tú;
no seas tú, sé mía.