Abrazo que me abrasa,
fundiéndome en lo candente de la noche,
sabiendo que cambié el placer eterno
por uno que se desvanece.
Oscura compañía que te perpetúas en mi ser,
haces que me ahogue en el clímax de este vicio.
Taciturno dramaturgo va de whiskies y ensoñaciones,
indefenso y oprimido bajo la lluvia de su ser.
¿Es o no es?
Sombra de las noches que apareces hambrienta:
comes corazón, gritos de pasión... de eso te alimentas.
Temo más a su presencia, pues opaca mi cobardía;
ausente es mejor, no veo cuando se hace el día.
¿Por qué me temes? Si tú me asustas.
Huyo para no atarme a miradas mustias;
no me arrepiento,
porque arrepentirme sería un acto de valentía.
Me atrevo a ser rebelde
sin saber siquiera qué significa rebeldía.
Me atrapas, me atas, me sueltas, me matas.
Pétalos de tulipanes caen marchitos sobre mí;
sombras van y vienen,
quieren saber de ti.
¿Por qué te temo?
Si te quiero... Sangre cae;
no te amo, no es en vano: es necesario.
Vete ya, vuelve a mí;
quiero escucharte, no saber de ti.
Quiero tu alma, no tu cuerpo;
eres cisne blanco, yo un cuervo.
Estás cerca, lejanía;
estás lejos, cercanía.
¿Por qué te temo?
Porque me haces sentir.
¿Por qué me temes?
No lo sé... bésame hasta morir.