A mar. Un sueño lejano

Poema XII. Las olas

Las olas:

Inmenso —«no me ahogues», le imploro—

se deshace en halagos por mi convicción.

Trato de resistir y hacerme el fuerte;

no puedo caer, no sin tenerte.

Estiro los brazos, siento las olas golpearme.

Un eco inentendible llena el vacío. «Ya somos», pienso.

La arena entra en mis ojos, me nubla la vista;

desespero, pero no me rindo.

Tu voz, al unísono del cantar de las aves.

Sirena, es imposible no caer en su encanto;

aún no apareces, pero sigo escuchándote.

Me da esperanza, me mantiene vivo.

Cansado, apareces.

Te miro.

Me sonríes con el deseo en los labios,

con el dolor en la piel.

—Gracias, te esperé—, dices.

Desapareces, caigo abatido.

—¿Por qué? —, le grito a las olas.

Silencio, solo eso.

—Volverá—, responden finalmente...




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