Sé que te encontraré.
Sé que estarás en el silencio de la noche,
que te perderás en el sol de la tarde,
que veré tu sonrisa en otros labios
y que escucharé en esas canciones tu voz.
Recordaré en las madrugadas
nuestras conversaciones mañaneras;
cuando esquive un «te quiero», pensaré en ti.
Estarás en mi pesadilla más hermosa;
seré un niño soñando con ser hombre.
Volveré adonde ahora no se me permite ir,
correré para alcanzarte;
tú caminarás tranquila,
no tendrás apuro.
Reiré de tristeza y mis lágrimas serán el vino del que beberé
para emborracharme de ti, pero estaré sobrio;
cuerdo por tenerte y ebrio por extrañarte.
Miraré el reflejo de ti que da mi espejo y sonreiré,
porque será igual a como te veo,
o así me diré en un engaño.
Me fijaré luego en mi propio reflejo;
veré entonces un espacio vacío en un alma llena.
De mí saldrá una queja;
de ti, el regaño que aprecio escuchar,
como el eco de una mente que vive de instantes.
Se hará una fiesta en honor a tu presencia;
seré el ausente y no me verás celebrando.
Yo a ti sí, desde la cercanía que da mi corazón,
aun con la lejanía a la que nos condena el mundo.
Sé que te encontraré
porque la nostalgia es mi guía
y el olvido se va de paseo cuando se trata de ti.