Clara
El vestido es plateado.
No lo elegí como un simbolismo, sino que fue el único color que me permitió escoger y pensé que despues de tantos colores chillones este vendría bien, pero mientras Elena ajusta el cierre en mi espalda, no puedo evitar pensarlo.
Gris claro, casi plata.
El color favorito de Mateo.
¿Cuál es la probabilidad de que intercambiaramos colores como una coincidencia? ¿Y en la boda de nuestros mejores amigos?
Me observo en el espejo con una atención que no suelo tener.
No busco perfección en el reflejo, sino certeza en mis gestos. La misma que anoche no terminé de encotrar bajo la luna, cuando me pregunté si el problema siempre había sido el mundo… o mis propias murallas.
El recuerdo del traje amarillo aparece sin permiso.
Tan absurdo.
Tan espóntaneo.
Tan Mateo…
Valiente, de una forma que aún me desarma y genera una sonrisa en mis labios.
Y luego está el collar.
El sol de plata con la piedra amarilla como ccentro. La muestra exacta de su confesión colgándole del cuello mientras hablaba, como si llevara su verdad anclada al pecho por si se atrevía a huir de ella.
Sé que la familia Arellano, su familia, tiene el dinero suficiente para comprar diez joyerias con un chasquido, pero que hubiera ahorrado el sueldo de su primer trabajo… Eso cuenta, demasiado.
Él intentó regresar después de que pasaran unos tres años de la graduación, estaba lista para salir al mundo y estudiar Literatura, cuando Noah llegó a mi casa alterado.
Cuando le pregunté el motivo, solo me miró al rostro con intensidad y duda, para después explicarme que nos iríamos de viaje junto a Elena esa misma tarde.
Mis maletas estaban listas y el viaje era cerca de mi nueva escuela… claro que acepté.
Pero no sabía que la razón repentina era Mateo, que intentaba buscarme en su regreso y quiza, eso explicaría la actitud agitada de Noah.
Trago saliva.
¿Esta conversación pudo suceder antes? ¿Cómo es que Noah y Elena lo ocultaron tanto tiempo? Pero no puedo enfadarme con ellos, en ese momento me estaba recuperando de lo sucedido en la graduación, estoy segura que no querian lastimarme o exponerme a un corazón roto de nuevo.
Tamara cruza mi mente como una punzada breve pero afilada.
La chica pelirroja con precioso vestido, pero la herida no se encuentra en el beso que presencié (eso ya lo he llorado bastante), sino en la sensación de haber sido reemplazable.
Pero ahora entiendo que observé una escena sin entender el guión completo.
Me rodeo con los brazos, en un intento desesperado por sentirme reconfortada mientras observo a traves del espejo como Elena se está alistando junto al resto de sus amigas y familiares.
Tengo miedo de que vuelva a doler.
Pero temo más perderlo por seguir huyendo antes de preguntar, escuchar su versión de la historia y tomar decisiones sin la imagen completa.
Bajo la luna de la madrugada, me prometí algo pequeño pero igual honesto:
No volver a irme sin escuchar toda la historia.
💍
Existen decisiones que no se anuncian con palabras.
Se toman en silencio, mientras algo se acomoda por dentro.
La ceremonia da inicio y siento las lágrimas amenazando con arruinar el maquillaje que la madre de Elena se esforzó tanto por hacer.
No lloro de tristeza, sino por todo.
Es una emoción extraña, como si mi corazón hubiera pasado años conteniéndose y, de pronto, alguien hubiera abierto una ventana, donde el aire entra de golpe y duele un poco respirar, pero tambien se siente necesario.
Caminar el mismo recorrido del ensayo se sintio distinto al de ayer, porque aunque las palabras de Mateo seguían rondando mi mente, él se mantuvo callado a mi lado.
A veces me daba un ligero apreton de manos, recordandome que todo estaba bien y que no me encontraba sola.
Se lo agradecí con una sonrisa.
Nuestros asientos estaban perfectamente coordinados para que los novios fueran los únicos de pie, los protagonistas de su dia especial; asi que me encontraba sentada entre flores blancas y murmullos felices a mi alrededor.
Elena caminaba hacia el arco adornado de nomeolvides, sus flores favoritas, y Noah estaba de pie, esperándola con una sonrisa que siempre supe, le pertenecia solo a ella.
Hay música suave en el fondo, promesas que flotan en el aire y manos entrelazadas por todas partes.
Y aun así, mi atención se desvía.
No debería… pero sucede.
Busco a Mateo sin pensarlo.
Y lo encuentro.
El traje amarillo no grita o llama la atención, tampoco roba miradas ajenas, pero para mí es imposible ignorarlo; es como un recuerdo caminando con dignidad, como una versión suya que decidió no esconderse más.