A Mitad de un Beso

Capitulo 12 "Night Changes"

Mateo

Volvemos a la fiesta en un silencio comodo.

Hace tanto que no experimentaba uno de esos.

No porque no tengamos nada qué decir, sino porque hay cosas que todavía se acomodan en nuestro interior y no conviene combrarla demasiado pronto, porque, al menos para mí, siento que se pueden romper enseguida.

Clara camina a mi lado y esa simple cercanía, su hombro rozando el mío y su paso sincronizado al mío, ya se siente distinta a cualquier otro momento de este fin de semana.

Siento el peso exacto de su mano en la mía, ¿Cómo es posible que todo mi mundo se encuentra en mi palma? Imposible, pero tampoco me importa averiguarlo.

Nuestro agarre no tiene fuerza excesiva o duda, simplemente se encuentra ahí y eso ya es suficiente para nosotros.

La música llega a nosotros cuando nos acercamos al portón, risas superpuestas, copas chocando en brindis exagerados y felices, la celebración ha seguido su curso sin saber, y tampoco necesitar saber, que algo importante acaba de cambiar tan cerca de ellos.

Pienso en lo fácil que habría sido perderla de nuevo.

En lo cerca que estuve de quedarme solo con una versión incompleta de nuestra historia, recordandome continuamente el final que parecía escrito en piedra y convencido de que el tiempo nos había pasado de largo al tomar la decisión en nuestro nombre.

Pero Clara eligió quedarse.

No volver al pasado, tampoco borrar lo que dolió… sino, empezar desde otro lugar.

Un momento en que somos distintos, pero iguales.

Cuando ingresamos, Noah es quien nos ve primero.

Está apoyado en una pared cercana, hablando con los padres de Elena, pero cuando nos ve deja de escucharlos y su expresión cambia.

No sonríe de inmediato, porque primero observa a Clara, parece buscar señales de que nuestra cercania pueda estar hiriendola y me giro para verla por mí mismo.

No encuentro dolor en su rostro.

Solo felicidad, luz en su sonrisa y tranquilidad en su mirada.

Entonces vuelvo mi atención a Noah, quien ha relajado los hombros al ver lo mismo que yo, como quien, por fin puede descansar de un drama innecesariamente largo y ser feliz con la felicidad de sus amigos.

Elena se acerca a él, rescatandolo de sus padres y siguiendo el camino de su mirada.

Me observa por un segundo más de lo necesario, su expresión es serena y sé que hace lo mismo que Noah, pero ella baja su mirada a nuestras manos entrelazadas, para después arquear una ceja con esa sonrisa suya que siempre ha sabido demasiado.

Hace diez años apostó por mi.

Quizá vió algo que jamás deseó contar a Noah o a nosotros, pero algo debió suceder cuando nos conocimos, que por eso ha tenido tanta fe en mí… a pesar de presenciar, de primera mano, el dolor que le he causado a Clara.

No dice nada y tampoco hace falta.

Pero asiento en su dirección, pronunciado un Gracias silencioso y su sonrisa se vuelve más amplia mientras niega divertida.

El collar golpea ligeramente contra mi pecho.

Llamando me atención, convirtiendose en un recordatorio.

El dije en forma de sol atrapa la luz proveniente de los focos instalados en el techo del patio y pienso que, si todo puede cambiar con el tiempo, entoces existen verdades que solo esperan el momento correcto para ser dichas en voz alta.

Si hubieramos hablado esa misma noche en el pasillo de la escuela ¿Seguiriamos junto? ¿O hubieran existido otras peleas, malentendidos…riñas?

Si la hubiera encontrado antes de que se fuera a la universidad ¿Las cosas se habrian solucionado? ¿Ella aceptaría verme o la brecha entre nosotros se habría extendido?

Fue un camino largo, lleno de vueltas y baches, pero decido creer que el final… donde nos encontramos juntos, estaba decidido desde el principio.

Solo necesitabamos aprender la lección antes de llegar a él.

La música cambia y Clara levanta la vista, reconociendo los primeros acordes de un vals.

No dice nada, pero su expresión se suaviza, como si entendiera que el momento ha decidido por nosotros, dandonos una segunda oportunidad… para bailar.

–¿Bailamos?– pregunto

Esta vez no sueno nervioso, tampoco dudoso de mis acciones o temeroso de arruinar las cosas, sino que suena a una invitación.

–Si– responde con una sonrisa suave

Durante el ensayo bailamos con cuidado, manteniendo la distancia entre nosotros y temerosos de romper lo que ya se encontraba frácil.

Pero ahora, no es así.

Mis manos encuentran su lugar en su cintura sin dudar, las suyas descansan sobre mis hombros, ligeras y confiadas.

No existe tensión incómoda ni palabras no dichas flotando entre nosotros.

Solo movimiento.

Clara apoya la frente en mi pecho por un segundo y me permito cerrar los ojos, memorizando la sensación, e inevitablemente, recodar las noches en que deseaba encontrarme así junto a ella.




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