Había una vez, una voz anonyma.
Desde pequeña tuvo que aprender a estar a la defensiva y es que “parecer de más edad” la condenó desde pequeña a estar a merced de “hombres” de mínima evolución emocional.
En determinado momento se sintió culpable,
como parecía de más edad y sus buzos eran tan provocativos que opción podrían tener los pobres hombres, débiles frente a una tentadora situación.
Anonyma por muchos años ha tenido que escuchar todo tipo de comentarios soeces y de grueso calibre que según muchos son “halagadores” y que al ella reclamar, hallaba respuestas como: ¿Qué más quieres? Te estoy haciendo un favor ¿Para qué sales?
NI LA FALDA DEL UNIFORME CUATRO DEDOS DEBAJO DE LA RODILLA LA SALVABA.