Anonyma debía caminar con los brazos sobre sus pechos; muchos podríamos pensar por protección, y sí lo era, pero no de golpes, si no de manos que, tras una ventana de auto, combi, coaster o cualquier medio de transporte, podrían tocarlos. Sin embargo el protegerse la parte de arriba la dejaba indefensa en la parte inferior y entonces no podía protegerse de los apurados “c a b a l l e r o s” que en su andar rápido agitaban sus manos casi como aspas de molinos y lograban rozar sus dedos en sus piernas o por gracia de la inocente casualidad en su zona íntima sin que Anonyma pudiera hacer nada para defenderse.
Anonyma se preguntaba si al “c a b a l l e r o” lo sucedido le generaba algún tipo de erección o grado de excitación, hasta hoy no logra entender cuánto placer les puede generar ese tipo de actitudes.