A Nuestro Propio Ritmo

Capítulo 2: Una nueva etapa

Ella no le respondió en ese momento. Fue hasta salir del trabajo que le comentó:
​—Amor, sí quiero vivir contigo, pero te digo algo: yo no quiero dejar sola a mi mamá.
​Él le respondió de inmediato:
​—Pues, amor, vivamos allá con tu mamá.
​Y ella, sonriendo, le dijo:
​—Sí, buena idea.
​Al momento de irse, él estaba sumamente feliz porque el amor de su vida había aceptado. Ya en camino hacia la casa de Ximena, platicaron sobre cómo le harían para llevarse sus cosas.
​—No te preocupes, amor, yo me encargo de mis cosas —le dijo Alfonso.
​—Amor, pero en mi cuarto no caben muchas cosas —le advirtió Ximena—. Solo tu ropa y tus zapatos, ¿vale?
​—Sí, bebé. ¿Cuándo quieres que vaya a mudarme?
​—Pues no sé, amor, cuando tú puedas... ¡Vayamos a comer algo!
​—Sí, bebé, vamos a detenernos en una taquería —propuso él—. ¿Te gustan los tacos?
​—Ay, amor, ¿qué pregunta? Claro que sí, y más los de carnitas.
​—De esos vamos a pedir.
​Comieron juntos y pasaron varias horas disfrutando del momento. La mamá de Ximena estuvo durmiendo hasta que ellos llegaron. Alfonso la dejó en la entrada:
​—Oye, amor, ¿ya llegamos a tu casa?
​—Sí, bebé, gracias. Mañana descansamos, ¿verdad?
​—Sí, amor, mañana descansamos —respondió Alfonso—. Ahora sí puedes descansar. Nos vemos el jueves... bueno, quién sabe si me permitas venir a verte.
​—Sí, sí puedes venir —aseguró Ximena—. Yo voy a estar sola porque mi mamá sí va al trabajo.
​—Ah, bueno, amor, pues mañana vengo. ¿A qué hora quieres que llegue?
​—Pues vente como a las dos de la tarde para que estés conmigo.
​—Hecho, amor, ya quedamos.
​—Sí, amor. Que pases bonita noche.
​—Tú igual, bebé. Adiós.
​Alfonso dio marcha atrás con su coche para regresar a su casa. Esa misma noche guardó su ropa y sus camisas del trabajo para tener todo listo, convencido de que la vida de los dos cambiaría para bien. Ninguno de los dos se imaginaba lo que realmente les esperaba.
​Al día siguiente, Alfonso fue a casa de su novia con sus pertenencias guardadas en la cajuela. Sin embargo, al llegar, Ximena le dijo:
​—Amor, yo aún no estoy lista. Vamos a esperar unos días más, ¿vale? Por el momento no quiero decirle nada a mi mamá porque no estoy segura.
​—Bueno, está bien, vamos a esperar unos días —aceptó Alfonso comprendiendo la situación—. ¿Y cómo estás? ¿Cómo amaneciste?
​—Bien, amor, gracias por preguntar. ¿Y tú?
​—Bien, estuve haciendo unas cosas en la computadora; hoy no me tocó ir a trabajar, pero sí me pidieron unos pendientes de la empresa.
​—Ah, okay.
​En eso, Alfonso conoció al hermano de Ximena, quien al verlo llegar le preguntó a su hermana:
​—¿Y quién es este?
​—Mira, él es mi nuevo novio —presentó Ximena.
​—Ah, chido. ¿Qué onda, carnal? Yo me llamo Sebastián —dijo el hermano estrechándole la mano.
​—Mucho gusto, Sebastián. Yo me llamo Alfonso.
​—¿Y cómo se conocen ustedes?
​—Del trabajo —respondieron los dos al mismo tiempo.
​—Ah, okay —asintió Sebastián antes de subirse a su moto e irse.
​Ya a solas, Ximena miró a Alfonso y decidió hablarle con total sinceridad:
​—Oye, Alfonso... yo tuve un ex que vivió conmigo, pero él no me daba ni un quinto. Quiero que me digas una cosa...
​Alfonso ya sabía hacia dónde iba la conversación, así que se le adelantó con firmeza:
​—Sí, yo te voy a dar dinero para el internet, para el cable, para lo que haga falta. Yo quiero vivir contigo porque quiero formar una familia a tu lado.
​A Ximena se le llenaron los ojos de lágrimas al escucharlo.
​—No puedo creer que me digas eso... eres el primero que me dice algo así. Te quiero, Alfonso.
​—Yo te amo, te quiero y te adoro —respondió él abrazándola.
​Pasaron varios días con la misma rutina: del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. Hasta que una noche, Ximena le dijo:
​—Amor, ya es el momento. Hay que vivir juntos.
​Esa misma noche, Alfonso pasó a su casa para recoger todas sus cosas. Antes de irse a la mudanza, quiso que Ximena conociera su casa.
​—¡Qué bonita está! —exclamó ella al verla—. ¿Es tuya nada más?
​—Sí, totalmente mía.
​—¿Y por qué no nos venimos a vivir aquí mejor?
​—Recuerda que me dijiste que no querías dejar sola a tu mamá. Ella es muy importante para ti, así que nos vamos a vivir a tu casa.
​—Está bien, amor. Ven, ¡vámonos ya!
​Cuando llegaron a la casa de Ximena, Sebastián y su mamá vieron cómo Alfonso comenzaba a bajar las maletas del coche. Sorprendida, la mamá le preguntó:
​—Hija, ¿qué onda?
​—Ay, mamá, se me olvidó decirte... mi novio va a vivir conmigo a partir de este momento.
​Sebastián intervino descolocado:
​—¿Cómo que va a vivir tu novio aquí si es nuevo? Perdón, ¿tu novio va a vivir aquí en la casa?
​—Sí, hermano, aquí va a vivir —afirmó Ximena con seguridad.
​La mamá los miró a ambos, sonrió suavemente y dijo:
​—Está bien, hija. Si tú estás feliz, nosotros estamos felices



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En el texto hay: espera, amor luchas, esperanzaeilusiones

Editado: 14.09.2026

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