A partir de esa semana, la rutina entre los dos agarró un ritmo increíble. Como ambos trabajaban en el mismo lugar, pero tenían responsabilidades distintas, armaron una coordinación perfecta.
Alfonso, como gerente, era el primero en salir muy temprano. Le gustaba llegar antes que nadie al trabajo para organizar los pendientes, revisar que todo estuviera en orden y ajustar lo necesario en la operación antes de que abrieran.
—Amor, ya me voy para alcanzar a dejar todo acomodado allá —le decía Alfonso en voz baja a Ximena antes de salir, dándole un beso en la frente.
—Que te vaya muy bien, bebé. Al rato llego a alcanzarte —le respondía ella somnolienta, pero sonriendo.
Un par de horas después, Ximena llegaba al trabajo lista para tomar su lugar como encargada. Al entrar, ya encontraba todo preparado por Alfonso, lo que le facilitaba muchísimo coordinar al personal y atender sus tareas sin contratiempos. Aunque en el trabajo mantenían la profesionalidad y el respeto frente a los demás, de vez en cuando se cruzaban miradas complicitarias que les recordaban lo bien que funcionaban juntos, tanto en la vida como en el empleo.
Al terminar la jornada, regresaban juntos en el coche a la casa de la mamá de Ximena. Con el paso de los días, la convivencia con Sebastián y con la señora se volvió cada vez más natural. Alfonso demostró con hechos que venía a aportar y a cuidar de Ximena, ganándose poco a poco el respeto de todos bajo el mismo techo.
¿Qué tal quedó? ¿Le agregamos algún detalle