Por fin llegó el esperado día de descanso para ambos. Tras varias semanas intensas entre el trabajo, los inventarios y la adaptación en la casa, Alfonso y Ximena necesitaban un tiempo a solas para recargar energías.
Aprovechando que la mamá de Ximena salió temprano a hacer las compras de la semana y Sebastián andaba con unos amigos, la casa se quedó en completa tranquilidad. Alfonso aprovechó la mañana para hacer algunas cosas en la computadora, organizando pendientes de la empresa y asuntos personales, mientras Ximena preparaba algo de almorzar.
—¿Sigue todo bien con tus pendientes, amor? —preguntó Ximena acercándole una taza de café.
—Sí, todo bajo control, bebé —respondió Alfonso cerrando la laptop y tomando su mano—. Solo quería dejar todo listo para desconectarme por completo el resto del día. Hoy el día es todo nuestro.
Pasaron la tarde viendo películas en la sala, platicando de sus planes a futuro y disfrutando de esa paz que raras veces tenían entre semana. Por primera vez en mucho tiempo, no había prisa por el reloj ni horarios de entrada al trabajo.
Al atardecer, cuando la mamá y Sebastián regresaron, la vibra en la casa era totalmente cálida. Alfonso ayudó a meter las bolsas del súper y se sentaron todos juntos en la mesa a cenar.
Sebastián, entre risas, soltó un comentario que hizo sonreír a todos:
—Oye, Alfonso, hay que admitir que ya te acomodaste bien aquí. Hasta parece que llevas años viviendo