La noche cayó tranquila sobre la ciudad. En la recámara, después de un día lleno de risas con la señora y Sebastián, el silencio por fin les regaló a Alfonso y a Ximena un momento íntimo solo para ellos dos.
Ximena estaba recostada en el pecho de Alfonso mientras escuchaba el latido constante de su corazón. Alfonso le acariciaba el cabello despacio, mirando hacia el techo, pensando en todo lo que habían avanzado en esos meses.
—Oye, amor... —rompió el silencio Ximena en voz bajita.
—Dime, bebé —respondió él, dándole un beso en la frente.
—A veces me pongo a pensar en cuando me dijiste que querías formar una familia conmigo... —Ximena hizo una pausa y se acomodó para mirarlo a los ojos—. Pero he estado pensando mucho en eso. Yo no quiero que tengamos una familia como la que todo el mundo conoce, o como la tradición dice que debe ser. No quiero presiones, ni seguir las reglas de nadie más.
Alfonso la escuchó con atención, mostrándole una sonrisa llena de comprensión.
—A ver, mi amor, explícame bien cómo te la imaginas tú —le dijo suavemente.
—Quiero que sea nuestra familia —explicó ella con brillo en los ojos—. Una familia a nuestro modo. Un equipo donde tú y yo seamos la prioridad, donde nos apoyemos en el trabajo, donde vivamos tranquilos sin tener que darle explicaciones a nadie. Una familia basada en el respeto, en nuestras propias reglas, en reírnos como hoy, en trabajar juntos y salir adelante a nuestro ritmo. Si en algún momento decidimos dar otros pasos, será bajo nuestros términos, no porque la gente o la costumbre lo exijan.
Alfonso se quedó mirándola en silencio por unos segundos, admirando la madurez y la claridad de sus palabras. Le tomó la mano con firmeza y se la llevó a los labios.
—Me leíste la mente, Ximena —respondió él con el corazón en la mano—. Para mí, la familia ya empezó desde el día en que decidimos caminar juntos. Tú y yo ya somos nuestro propio hogar, no necesitamos encajar en el molde de nadie más. La vamos a construir exactamente como nosotros queramos.
Ximena sonrió de oreja a oreja, sintiendo una paz enorme en el pecho. Se abrazó fuerte a él, sabiendo que habían encontrado algo muy difícil
¡Súper bien! Ese deseo de dar el siguiente paso y