Pasaron los días y los meses. La rutina diaria entre el trabajo y la casa continuaba, pero con el tiempo Ximena comenzó a notar cambios en su cuerpo. Un buen día sintió una sensación extraña dentro de ella, como si de repente todo su mundo estuviera temblando por dentro. Algo no andaba igual, pero ella no podía evitar dudar de lo que estaba sintiendo.
«No, no creo que esté embarazada yo... ha de ser otra cosa», se decía a sí misma para tratar de tranquilizarse, buscando cualquier otra explicación a los mareos y al cansancio inusual que empezaba a notar.
Sin embargo, la duda no la dejaba en paz. Esa misma tarde, al salir de sus pendientes, decidió no quedarse con la incertidumbre. Fue a la farmacia más cercana a buscar una prueba para salir de dudas de una vez por todas. Con el corazón latiéndole a mil por hora y las manos temblorosas, compró la prueba, la guardó muy bien en su bolsa y regresó a la casa, sabiendo que en cuestión de minutos descubriría si su vida estaba a punto de cambiar para siempre.
¿Qué