A pesar de las sombras

ACTO 1: EL SECRETO Y EL FLECHAZO

Capítulo 1: El camino entre dos mundos

El motor del colectivo retumbaba con una vibración pesada que se le metía a una en los huesos. Era el ritmo único constante que marcaba el inicio de mis jornadas. Entre El Timbó Viejo y la ciudad de San Miguel de Tucumán hay entre cuarenta minutos y una hora de viaje, dependiendo siempre del tráfico en los accesos, de cuántas paradas hizo el chofer y de las condiciones del camino.. Pero para mí, ese trayecto en el colectivo nunca fue solo una cuestión de kilómetros.. Era una frontera transparente, un túnel de asfalto y vegetación que separaba a la chica que mis padres querían que fuera de la que yo intentaba descubrir en silencio.

Atrás, envuelto en el polvo y la tranquilidad del pueblo, quedaba mi hogar. En mi casa, la dinámica en los días sin pleitos era tranquila y agradable: nos queríamos, conversábamos de todo un poco y las tardes transcurrían sin gritos ni retadas.. Sin embargo, la sombra de una expectativa enorme lo cubría todo. Mis padres me tenían metida en una especie de cajita de cristal, una protección tan apretada que por momentos se sentía sofocante.. Ellos tenían un plan dibujado para mí con trazos inflexibles: terminar la secundaria en la escuela técnica, recibirme, elegir una carrera universitaria o terciaria y conseguir un trabajo estable para ganarme la vida..

En ese esquema rígido, las distracciones emocionales no tenían lugar. Había una regla implícita, pesada como el cemento: nada de novios, nada de perder el tiempo en romances.. Ellos estaban convencidos de que cualquier chico me haría mal o me desviaría de mis metas..

Dentro de esa casa, la complicidad tenía una sola aliada: mi hermana Zahida.. Zahida era la única persona a la que podía acudir, la única que me escuchaba sin juzgarme y la que entendía los silencios que yo guardaba.. Con ella bastaba una mirada en la mesa para saber que estábamos en el mismo equipo. La otra cara de la moneda era Abel, mi hermano menor. Abel era la sombra vigilante, el que ocupaba el rol indiscutible de "buchón" de la familia.. Por culpa de su atención constante a todo lo que yo hacía o decía, Zahida y yo teníamos que andar con cuidado hasta con los comentarios más inocentes, midiendo las palabras para no levantar sospechas inútiles en mis padres..

Cada día, al subir al colectivo, buscaba casi por instinto un asiento junto a la ventana. Me pegaba al vidrio y observaba cómo el paisaje verde del campo se desdibujaba poco a poco a medida que el colectivo avanzaba hacia el centro urbano, dando paso a las calles asfaltadas, al tráfico apresurado, las bocinas y al movimiento incesante de la capital. En ese lapso de tiempo, sola entre los pasajeros del bondi, me ponía los auriculares y dejaba que los pensamientos fluyeran. Antes de que Jeremías apareciera en mi vida, si alguien me pedía que me definiera, habría usado tres palabras muy claras: enojona, confundida y profundamente aburrida.. Sentía que los días se me escapaban en una monotonía gris de la que no sabía cómo salir.

La llegada a la Escuela Técnica N° 2 marcaba el quiebre absoluto de esa rutina pueblerina. Cruzar la puerta de entrada era como atravesar un portal hacia otro universo.. La escuela no era solo un edificio de aulas; Era un laberinto gigante de talleres, pasillos resonantes, ruidos de máquinas y estudiantes que iban y venían. La dinámica escolar estaba dividida de una forma particular. Yo pertenecía al turno tarde para las materias teóricas, pero dos veces a la semana la rutina cambiaba restrictiva con el sistema de rotación de talleres..

En esos días específicos de doble turno, nos tocaba asistir al taller por la mañana ya las clases teóricas por la tarde, mientras que otros cursos hacían el esquema exactamente al revés.. Era en esos cruces de horarios donde las fronteras entre el turno mañana y el turno tarde se desdibujaban por unos minutos. Los estudiantes de ambos turnos coincidieron en los patios, cerca del quiosco o en las zonas comunes antes de entrar a las horas de práctica.

En ese tiempo, mi vida sentimental estaba ocupada por una relación sin sobresaltos. Estaba de novia con Lizandro, un chico de mi propio curso.. Lo de Lizandro no era una pasión desbordante ni una historia de amor que me desvelara por las noches; era más bien un noviazgo cómodo y predecible, una compañía con la que compartía las horas de clase y los recreos para no sentirme sola y para encajar en la normalidad que se esperaba de una chica de mi edad.. Con Lizandro las conversaciones eran sencillas, las tardes eran tranquilas, pero la chispa de la emoción simplemente no existía. Me encontraba atrapada en una zona de confort que me aburría, aceptando la realidad tal como se me presentaba.

Sin embargo, en el turno mañana de esa misma escuela técnica caminaban personas con las que apenas cruzaba palabra.. Entre ellas estaba Brisa, mi amiga, una chica despierta y observadora que pertenecía a ese otro grupo de la mañana.. Y junto a ella, aunque yo todavía no lo registrara en mi radar, caminaba Jeremías.

La Escuela Técnica N° 2 tenía un rincón muy específico que todos los alumnos conocían bien: el área exterior cercana a los talleres.. Allí, sobre el suelo de cemento, sobresalían unos bancos largos y curvos que serpenteaban entre los árboles, a los que todos llamábamos cariñosamente "la víbora". Era el lugar habitual para sentarse a esperar el timbre, tomar algo o charlar entre clase y clase.. Para cualquier estudiante era solo un banco más de hormigón, pero para mí estaba a punto de convertirse en el escenario donde mi vida daría un vuelco inevitable.

Apoyada contra la ventanilla del colectivo en ese viaje de regreso a El Timbó Viejo, mirando los árboles pasar rápido en medio de la tarde, yo no tenía la menor idea de lo que me esperaba. La cajita de cristal en la que mis padres me mantenían encerrada estaba a punto de recibir su primer golpe, y la chica enojada y aburrida que viajaba en ese asiento estaba a solo unos días de desaparecer para siempre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.