Bienvenidos a Virginia Water
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El llanto de Noah no había parado desde el entierro. El coche estaba en completo silencio, a excepción de sus sollozos. Ella siempre había sido muy unida a la abuela. Mi padre, a diferencia de ella, no había soltado una sola lágrima. Eso tenía a mi madre alerta, porque sabía que, en algún momento se derrumbaría.
— Nos quedaremos en casa de vuestro abuelo el resto del verano —comentó mi madre, girándose desde el asiento del copiloto para mirarnos—. En estos momentos nos necesita.
No podía pensar en un verano más aburrido que los que pasaba de pequeña en Virginia Water, si me preguntan, me parece el pueblo más insípido, no solo de Reino Unido, sino del mundo. Si no tenías más de cuarenta y cinco, era poco lo que podías hacer para divertirte.
Papá aparcó frente a la mansión y todos bajamos del coche. Le entregó las llaves a uno de los trabajadores que antes de irse le dio el pésame. Papá asintió y subimos los escalones hacia la puerta.
Dentro estaban esperándonos para la recepción, a este punto, yo estaba cansada de miradas vacías de desconocidos que decían sentirlo y no, dudo que sintieran nada. Siempre escuché a la abuela despreciar a estas personas, las llamaba "Parásitos con buen patrimonio", sin embargo, aquí estaban, fingiendo haberla querido.
—Aquí están mis nietas preferidas —exclamó el abuelo mientras nos abrazaba a Noah y a mí.
—Somos las únicas que tienes —dijo Noah entre dientes, aplastada por el abrazo—. Y solo puedes tener una favorita.
Él se separó de nosotras, me dedicó una sonrisa y después se agachó frente a ella para estar a su altura.
— Un buen abuelo nunca puede tener una favorita —susurró acercándose más an ella—. Pero puedo decir que hay unos chocolates esperándote en la cocina.
Ella esbozó una sonrisa, la primera desde la noticia de la abuela, y después, salió corriendo en dirección a la cocina. El abuelo aparentaba estar tranquilo, pero yo sabía que estaba destrozado. Su vida era la abuela, se desvivía por ella y nunca vi un cariño igual, ni siquiera entre mis padres.
Me sujeté a su brazo y caminamos juntos por el salón cruzándonos de vez en cuando con invitados que nos decían lo importante que era la abuela para la comunidad, lo mucho que la querían y lo buena persona que era. Era tedioso, aparte de una mentira.
—Tu madre me ha contado que has terminado con tu relación —rodé los ojos ante su comentario, esta no era el tipo de conversación que esperaba para el funeral de mi abuela—. Me alegro, sabes lo que pienso de los chicos de Belgravia. Quiero presentarte a alguien.
Me detuve sujetándolo del brazo, para que él también frenara. De todas las personas de esta casa, no esperaba que fuese él quien actuara de casamentero.
—No necesito novio nuevo, si es lo que estás pensando.
—Claro que no, si por mi fuese, ojalá no lo tuvieras nunca —aclaró retomando el paso— Pero sé que te aburrirás aquí sola, no te vendrá mal tener una amistad.
Rodé los ojos, entablar una amistad con alguien de este pueblo iba a ser imposible, los niños mimados de Surrey no tenían nada interesante que comentar. Habían pocos temas de los que pudiesen hablar, más allá de qué propiedades heredarían.
Nos acercamos a un hombre alto y refinado que iba acompañado de los que supuse eran sus hijos. Un chico alto de pelo castaño con traje y una chica castaña muy elegante. Por lo que había comentado mi abuelo antes, di por hecho que más o menos tendrían mi edad.
—Riggs —saludó aquel hombre a mi abuelo apretando su mano—, hoy te veo mejor. Supongo que se debe a la bella señorita que te acompaña.
—Así es —mi abuelo se giró hacia mi con una sonrisa— Rowan, no te acordarás de él porque se fue cuando eras muy pequeña, pero Anthony es como parte de la familia.
—Un gusto —sonreí.
—Cuanto has crecido —me observó con una sonrisa— La última vez que te vi medias menos de un metro y querías ser la próxima reina.
—Me temo que he renunciado a la Aristocracia —respondí—, pero al menos he superado el metro setenta, eso se lo debo a mi abuelo.
—Te presento an mis hijos, Nathaniel y Amelia.
—Encantado —dijo el chico con amabilidad fingida y ella se limitó a sonreír. La falsedad se podía ver a kilómetros de la mansión.
— Todos queríamos mucho a Violet, fue como una madre o más bien, hermana mayor para mí.
—Ella también te quería mucho y le dolió que perdierais el contacto por... tonterías —dijo mi abuelo— Estaré encantado de que tú y tus chicos os quedéis aquí este verano.
—Te lo agradezco, pero nos quedaremos en la antigua casa de mi padre. No quiero causar problemas con Richard.
La actitud de Anthony cambió al mencionar a mi padre, su sonrisa desapareció lentamente y adoptó una postura más seria. El abuelo en cambio, no parecía sorprendido ante la actitud de Anthony.
—No digas tonterías, lo pasado pisado —replicó mi abuelo—. En estos momentos la familia debe estar unida y ya has estado alejado demasiado tiempo.
Estaba claro que algo había pasado entre él y mi padre, el hecho de que nunca lo mencionaran lo hacía aún más obvio.
—Rowan cielo —mi madre se acercó y puso una mano sobre mi hombro, me giré para mirarla sin poder escuchar la respuesta de Anthony— ¿Has visto a tu hermana?
—Había ido a la cocina —comenté.
—No está y me preocupa, ¿Puedes ir a buscarla?
—Emily, me alegra volver a verte —Expresó Anthony dedicándole una sonrisa.
Mamá se sorprendió al verle pero cambió rápido a una sonrisa. Era sincera, no parecía haber un mal rollo entre ellos.
—Anthony, que grata sorpresa. No sabía que vendrías.
No estaba para más bienvenidas así que me despedí con un gesto y fui hasta la cocina para buscar a mi hermana. Allí no había nadie más que las personas del servicio y los chocolates estaban sobre la mesa.
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Editado: 26.02.2026