La mansión Riggs
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1 de febrero de 1957
Esta noche era la velada benéfica de la familia Riggs. Con un poco de suerte, podría escabullirme del radar de mi madre y divertirme por mi cuenta.
—Señorita, su madre desea saber si ya está lista —Greta, la hija del ama de llaves entró en mi habitación con las manos detrás de la espalda y la cabeza baja—. Dice que le preocupa llegar tarde.
—Te he dicho mil veces que me llames solo Violet —le indiqué, mirándola a través del espejo y se le notaba el nerviosismo—. Bajaré en un momento.
Me miré en el espejo una última vez y sonreí. Francamente me veía maravillosa y no era la ropa. Yo era hermosa, no había dudas.
Había decidido llevar un vestido negro de hombros descubiertos, con la falda amplia. Unos guantes largos y tacones lo bastante altos para obligarme a mantener la postura perfecta que mi madre tanto insiste en corregir.
Bajé las escaleras y me detuve en la puerta frente an mis padres para que saliéramos juntos hacia el coche. El viaje fue silencioso y eso significaba que mi padre estaría enfadado por algo.
La mansión de los Riggs era una obra maestra, con grandes ventanales y una fachada de piedra clara. El Jardín estaba perfectamente cuidado y en el centro tenía una gran fuente. Había estado aquí muchas veces y aún no me cansaba de mirarlo.
Apenas cruzamos el umbral, varias miradas se dirigieron hacia nosotros. Mi madre sonrió y mi padre adoptó su porte de hombre intachable.
Mi primer instinto al entrar fue buscar a JJ con la mirada. Rezaba para que hubiera decidido estar aquí y no detrás de la falda de Katherine.
La música del cuarteto apenas cubría el murmullo constante de conversaciones y risas. Los padres de Riggs y él avanzaron hacia nosotros. El señor Riggs caminaba ligeramente por delante, a su lado, la su esposa sostenía una copa y medio paso por detrás, el más insoportable de los Riggs.
—Edward —saludó el señor Riggs, estrechando la mano de mi padre—. Me alegra que hayáis podido venir.
—No nos lo habríamos perdido —respondió mi padre—. Siempre es un placer.
Las mujeres intercambiaron besos en el aire, demasiado ensayado para ser un saludo real:
—Margaret —dijo mi madre—, la casa está preciosa, aunque no esperaba menos.
—Qué amable —respondió la señora Riggs, con una sonrisa que sería más por el champán que por el cumplido.
—Violet. —pronunció Riggs mientras me observaba fijamente.
—Riggs.
Mi madre me lanzó una mirada breve, de advertencia.
El señor Riggs posó una mano en el hombro de su hijo.
—Nuestro hijo acaba de terminar sus estudios de derecho en Cambridge. Estamos muy orgullosos.
—No me cabe duda —contestó mi padre, evaluándolo con rapidez—. Estoy seguro de que seguirá los pasos de su padre
Yo seguía buscando a JJ con la mirada, si no estaba con ellos quería decir que estaría bebiendo en la cocina. Sin mi, un traidor.
—Confío en que esta noche no resulte demasiado aburrida para ti—comentó la señora Riggs, dirigiéndose an mis padres pero mirándome a mí.
—Oh, estoy segura de que sabré entretenerme —respondí.
Collin esbozó una sonrisa mínima y mi padre carraspeó suavemente.
—Violet.
—Por supuesto —añadí con inocencia—. La causa es lo importante.
—Siempre tan... espontánea —dijo la señora Riggs.
No supe si era crítica o elogio. Un camarero pasó junto a nosotros con una bandeja de copas y todos comenzaron a tomar una.
—Brindemos — propuso la señora Riggs
—Violet, puedo pedirte un refresco si lo deseas—sugirió Riggs con cierto tono de burla.
—No hace falta.
Tomé la copa que él sujetaba y nuestros dedos se rozaron apenas. Luego, él tomó otra de la bandeja.
—Por las amistades que se fortalecen con los años —añadió su madre.
Todos bebimos. Collin no apartó la vista de mí mientras lo hacía y yo tampoco la aparté, no tenía por qué.
Cuando los Riggs se retiraron, nos acercamos a mi hermana que hablaba con Henry, su esposo. Por su expresión, parecía algo serio, pero sonrió al vernos y la postura de ambos cambió de inmediato.
—Querida —saludó mi madre, dando dos besos—, estás fantástica.
Mi hermana le devolvió el saludo y Henry y mi padre comenzaron a hablar de negocios. Era la escena más surrealista que había visto en meses. Bianca y yo nos alejamos un poco de ellos cuando mi madre se unió a la conversación que estaban teniendo.
—¿Ahora os tratáis así? —le pregunté—. Me decepcionas.
—Ahora soy una adulta, Violet —ella rió—. Debo comportarme como tal.
—Por eso mismo, ahora tienes inmunidad, puedes decirle a la cara que es una arpía.
—¡Violet Howard, qué son esos modales! —se llevó la mano al pecho, imitando uno de los sermones de mamá—. ¿Acaso eso has aprendido de mí?
Ambas reímos, me encantaba pasar tiempo con ella. Era mi persona favorita en el mundo. No sabía cómo, si éramos tan diferentes, podíamos entendernos tan bien.
Por el borde de la manga de su vestido sobresalía un hematoma, un violeta intenso que resaltaba aún más contra su piel pálida.
—¿Qué te ha pasado?
—Nada —respondió inmediatamente—. Estaba jugando con Anthony en el jardín y tropecé. Ya sabes cómo son los niños.
—No, gracias a Dios no lo sé y espero no saberlo nunca.
Seguimos hablando entre risas, hasta que por fin vi a JJ entre los invitados. Dejé a mi hermana con nuestros padres para detenerlo antes de volver a perderlo de vista. Le sujeté el brazo para detenerlo y él se dió la vuelta dedicándome una sonrisa.
—Te he estado buscando —dije—. Pensaba que al llegar ya me estarías esperando para irnos de aquí.
—Lo siento cielo —balbuceó, estaba nervioso y su mirada se desvió por encima de mi hombro varias veces—. Mañana tengo un importante partido de tenis... no puedo beber o desvelarme.
Me giré para ver a donde miraba tanto e inmediatamente se me escapó un risa seca. Katherine estaba sentada en una mesa con los padres de JJ y Riggs.
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Editado: 26.02.2026