*YASMIN DUNCAN.*
A mí no me da miedo el chico que me grita en el pasillo. Me da miedo el que me dice "quedate tranquila, yo soy tu amigo".
Porque él también me decía eso. Mi mejor amigo de toda la vida. El que me cuidaba. El que me decía "vos sos como mi hermanita". Ese fue el que me marcó de por vida. El que abusó de mí.
Por eso ahora soy así. Retraída. Reservada. No hablo con nadie. Y si un chico se me acerca y me dice "quiero ser tu amigo", yo lo alejo. Porque ya sé cómo termina.
Y ahora está Phoenix Sullivan.
*PHOENIX SULLIVAN.*
Yo soy el sexto de 10 hermanos. Todos mis hermanos gritan por sus Muñecas. Yo no. Yo soy un pan de dios, jamás lastimé a nadie de ninguna forma.
Por eso me quedo en el establo. Con Luna.
Yasmin Duncan viene a comer ahí todos los días porque odia el comedor. Yo la veo hace dos meses. Nunca le hablé. Hasta hoy.
Le dejé una manzana para Luna y le dije:
— Hola, soy Phoenix. Si querés podemos ser amigos. Yo cuido este lugar, nadie te va a molestar.
Error.
Yasmin se paró. Pálida. Con los ojos llenos de lágrimas de rabia.
— ¡No! — me gritó, por primera vez gritando ella—. ¡No quiero ser tu amiga! ¡No me digas que sos mi amigo! ¡Todos dicen eso! ¡Él también decía que era mi mejor amigo y me hizo mierda! ¡Alejate! ¡No quiero amigos!
Trató de alejarme. Como hace con todos los chicos que le dicen "amigo". Por miedo a salir lastimada otra vez.
Yo me asusté. Nunca una chica me gritó así. Me fui a 3 metros. Le pedí perdón.
Ella se fue llorando.
Esa noche no dormí. Se lo conté a Erin, que ya era Muñeca hace mucho, mucho antes que yo entendiera lo que era una Muñeca.
Erin me dijo: "Phoenix, vos sos un pan de dios. Pero para Yasmin, la palabra amigo es una trampa. Porque el que la lastimó era su amigo. No le digas que sos su amigo".
Entendí.
*Al otro día. Establo. 13hs.*
Yasmin entra. Me ve y se pone dura.
Yo no le digo hola amiga. No le digo nada de amigos.
— Hola — le digo—. Soy el chico del establo. El que cuida a Luna. Nada más.
Yasmin se queda rara. Esperaba que le pida perdón por ser su amigo. Que le insista.
— ¿No me vas a decir que querés ser mi amigo? — me dice, desconfiada.
— No — le digo—. Porque no quiero ser tu amigo si la palabra amigo te da miedo. Quiero ser el chico del establo. El chico del establo jamás lastimó a nadie de ninguna forma. El chico del establo está a 3 metros y cuida a Luna. ¿Te sirve eso?
Yasmin se sienta. Por primera vez no se sienta lo más lejos posible. Se sienta a 2 metros.
— ¿El chico del establo no me va a tocar? — pregunta.
— El chico del establo jamás toca a nadie sin permiso. Aunque quisiera, no podría. No sabe cómo lastimar — le digo.
— ¿Y si yo no quiero que seas nada mío? ¿Ni amigo, ni nada?
— Entonces no soy nada tuyo — le digo—. Soy de Luna. Vos solo comés acá. Yo solo estoy acá. Sin ser nada.
Yasmin respira. Por primera vez desde que llegó al colegio Sullivan, alguien no quiere ser su amigo. Y eso, para ella, es seguro.
Saca su sándwich. Me mira.
— ¿El chico del establo... me puede pasar la manzana para Luna? Tirándola. Sin acercarse.
Le tiro la manzana despacito, rodando por el piso. Sin tocarla.
Yasmin la agarra y se la da a Luna. Y por primera vez en meses, sonríe. Poquito.
Lo que ella no sabe es que el chico del establo, que es un pan de dios que jamás lastimó a nadie, se está enamorando de ella. Pero no se lo va a decir nunca con la palabra amigo. Ni novio. Ni nada que le dé miedo.
Se lo va a decir siendo nada. Siendo el chico del establo que siempre está a 3 metros, hasta que ella sola le diga: acercate.