*YASMIN DUNCAN.*
22:47. Estoy en mi cuarto del internado.
Me vibra el celular. Mensaje de Instagram. Cuenta sin foto.
> _Te vi en el festival. Estás linda. Siempre fuiste mía, Yas. ¿Te acordás? Éramos mejores amigos._
Es él. Mi ex mejor amigo. El que abusó de mí. El que me marcó de por vida y me hizo retraída y reservada.
Me quedo sin aire. Como en el pasillo. Como antes del discurso. Se me cae el celular. Las manos me tiemblan.
No quiero bloquearlo yo. Quiero apagar todo. Irme del colegio Sullivan. Que desaparezca todo.
Corro. No corro a la dirección. Corro al establo. Son las 23hs, pero sé que él está.
*PHOENIX SULLIVAN.*
Yo duermo a veces en el establo cuando Luna tiene miedo a la tormenta. Hoy no hay tormenta. Pero igual me quedé. No sé por qué. Presentía.
Yasmin entra corriendo, descalza, llorando, con el celular en la mano como si quemara.
— Chico del establo — me dice, sin aire.
No me acerco. Estoy a 2 metros. Como siempre. Aunque quiera abrazarla.
— Acá estoy — le digo—. A 2 metros. Vos mandás. ¿Qué necesitás?
Me tira el celular al piso, lejos de ella.
— Me escribió. Él. Mi ex mejor amigo. El que... el que me hizo eso. Me escribió que siempre fui suya.
Yo miro el celular en el piso. Siento una rabia que nunca sentí. Yo soy un pan de dios, jamás lastimé a nadie de ninguna forma, pero hoy por primera vez entiendo por qué mis hermanos Jordan, Travis, Tobías, Viktor y Dimitri quieren romper cosas.
Pero no lo toco. No lo agarro. Si lo agarro sin permiso, soy igual que él. Que le saca las cosas de las manos.
— Yasmin, ¿qué querés que haga? — le pregunto, con las manos a la vista—. Tengo 3 opciones y vos elegís. 1: Lo bloqueo yo y borro el mensaje. 2: Vamos con Erin y la directora ahora. 3: Lo bloqueás vos y yo miro desde acá, sin tocar tu celular. Vos tenés las riendas.
Yasmin llora. Mira el celular en el piso como si fuera un bicho.
— Si lo bloqueo yo va a saber que lo vi — dice.
— Si lo bloqueo yo también va a saber — le digo—. Pero si lo bloqueás vos, sos vos la que le cierra la puerta. No yo. No la directora. Vos.
Se queda callada 1 minuto. 2 minutos. Luna se acerca y le pone la cabeza cerca, sin tocarla.
— Quiero bloquearlo yo — dice bajito—. Pero no puedo agarrar el celular. Me da asco.
— ¿Querés que te acerque el celular con el pie? Sin tocarlo con la mano. Y vos lo tocás cuando quieras.
— Sí.
Con el pie le empujo el celular despacito hasta que queda a medio metro de ella. Sin tocarlo con mis manos.
Yasmin lo agarra temblando. Abre Instagram. Le tiemblan los dedos.
— ¿Me decís cómo se hace? Desde ahí. A 2 metros.
— Sí. Entrás a su perfil. Los tres puntitos. Bloquear. Y después borrar chat.
Lo hace. Bloquear. Borrar chat. Le tiembla todo el cuerpo pero lo hace ella.
Cuando pone bloquear, respira fuerte. Como Luna.
— Lo hice — dice.
— Lo hiciste vos — le digo—. Vos le cerraste la puerta.
Se sienta en el piso del establo y llora. Pero no como antes. Llora como cuando soltás algo pesado.
Yo sigo a 2 metros.
— ¿Querés que me quede a 2 metros toda la noche? — le pregunto.
— ¿Te podés quedar a 1 metro hoy? — me dice—. Solo hoy. Chico del establo a 1 metro.
Me corro a 1 metro. Me siento en el heno. Sin tocarla.
— Él decía que yo siempre iba a ser suya — dice Yasmin, mirando a Luna—. Pero no. Yo soy mía. Y de Luna. Y... un poquito del chico del establo.
— Un poquito me alcanza — le digo—. Un poquito es un montón.
Yasmin se queda dormida ahí, en el establo, a 1 metro de mí. Con la pulsera violeta puesta. Segura. Porque sabe que el chico del establo jamás la tocó sin permiso esa noche. Y que jamás podría lastimarla aunque quisiera.
Yo me quedo despierto toda la noche. Cuidando. Porque soy un pan de dios que jamás lastimó a nadie. Y porque aprendí que a veces cuidar no es hacer. Es no hacer. No tocar. No agarrar el celular. Quedarse a 1 metro.